Capítulo 4
—¿No viste lo que intentaba hacer? —levanté la voz, incapaz de mantener la seriedad—. ¡Intenté robarte el dinero!
Sylvester levantó lentamente la barbilla con los brazos cruzados.
—¿Y entonces?
Cabello tan oscuro como el cielo nocturno, ojos azules que brillaban bajo la luz. Era excesivamente guapo, casi llegaba al corazón.
Miré a Sylvester a los ojos, tratando de contener los latidos de mi corazón, pero al verme, sus labios se alzaron en una sonrisa.
—Como dama del duque Ryzen, deberías tener malos hábitos, así de simple. Finalmente estás haciendo tu trabajo, así que me gusta.
¿Qué cojones se supone que significa eso?
«Estoy tan perdida».
Ahora que lo pienso, Sylvester Regen era llamado el Rey del Callejón. Él, que nació mitad humano y mitad demonio, heredó la sangre de un padre aristocrático, pero para alguien cuya madre era parte de una mafia, no fue tratado como un ser humano.
¿Cómo pudo haber acumulado tanta riqueza y establecido la familia más poderosa del Imperio? ¡Debía estar usando la mitad de sus habilidades demoníacas!
Bueno, los humanos eran estúpidos; se derretían ante sus palabras y se reían de cada broma que decía, sin saber que los estaba usando para obtener información. El propio emperador se dejó engañar y le dio el título de duque. Con esto, Sylvester estableció el Gremio Oscuro y comenzó a usarlo para llenar aún más sus bolsillos.
Al ver su éxito, la gente lo maldecía cada vez que tenían la oportunidad, pero ante la increíble riqueza y el poder insuperable de Sylvester, la gente cedió.
Por supuesto, conocía los antecedentes de esta familia, pero ¿qué tenía que ver el robo de dinero con todo esto? No lo entendía.
—¿También es parte de la virtud familiar alentar el robo? Nunca había oído hablar de eso antes.
—¿Sabes qué tipo de trabajos suelen realizar los distribuidores?
—¿Qué?
—Robo —dijo Sylvester riéndose—. Sobre todo, información y dinero.
—Entonces, ¿tú también has estado robando?
Se encogió de hombros.
—No siempre, pero a veces. —Levantó la mano y comenzó a balancear algo de un lado a otro frente a mi cara.
—¡Esa es mi pulsera! —grité sorprendida.
«¿Cómo hizo eso?»
Era como si fuera un mago y eso me puso enferma.
—Aprende más. Aún eres inmadura. —Un marido que incentivaba el robo. Este loco...
¡Tercer plan!
Abandoné el plan de robarle su dinero, mi marido estaba demasiado loco.
«Tengo ganas de llorar».
No podía intentar desperdiciar mi mesada debido a mi estúpida mentalidad de plebeya, no podía intimidar a mis sirvientes porque era demasiado amable, y ni siquiera podía robar dinero a pesar de ser mi última oportunidad.
—¡¿Qué narices se supone que debo hacer para que te divorcies de mí?!
Se escuchó un eco en la habitación. Era sorprendentemente ruidoso, incluso para mí.
Sylvester entrecerró los ojos.
—Es extraño. —Me miró con recelo—. De repente estás hablando de divorcio. Y dijiste que vivirías a costa de mí para siempre.
—¿Qué hice?
«¡Ophelia, debes estar loca!»
—Me dijiste que me quedara quieto como una estatua porque mi único rasgo redentor es mi cara.
¡¿Qué dije?! ¡Debía haber estado loca!
—¡Voy a cancelar esa declaración! ¡De verdad! —Moví rápidamente la mano—. Haz como si nunca hubiera dicho nada de eso y divórciate de mí, ¿de acuerdo? —le supliqué.
Las cejas de Sylvester se movieron levemente.
—¿Y si no quiero?
—¿Pero por qué no quieres?
—Eso es algo que se supone que debo preguntarte. —Sylvester dio un paso hacia mí—. Tengo suficiente dinero para que lo uses en tu vida. —No estaba mintiendo, ni siquiera a la Ophelia que vivía la vida extravagantemente—. Soy lo suficientemente guapo como para que me mires todo el día.
Esto también era cierto, la buena apariencia de Sylvester era un tema candente incluso entre ciudadanos de países extranjeros.
Con su cabello negro cayendo suavemente sobre sus ojos, Sylvester inclinó la cabeza y preguntó:
—Pero, ¿por qué quieres divorciarte de mí?
Tragué saliva llena de nerviosismo.
Si no conocieras la situación, no entenderías por qué quería divorciarme de él, y eso fue exactamente lo que Sylvester debió haber sentido.
«Pero necesito ese divorcio. ¡Así no me involucraría con el príncipe heredero y con Sylvester, el villano!»
Pero no pude decir eso, así que solo pude decirle:
—Porque no te amo. Me divorciaré de ti porque no te amo.
Fue débil, pero al menos era más sentimental que cualquier otra cosa que pudiera imaginar.
Los ojos de Sylvester temblaron y dejó escapar un suspiro, pasándose los dedos por el pelo.
—Entonces —me miró a los ojos y dijo—, ¿amas al príncipe heredero?
«¿De qué demonios estás hablando?»
Me quedé sin palabras por un momento, con la boca abierta como un pez fuera del agua, pero Sylvester confundió eso con una afirmación a su pregunta.
—No debería haberte preguntado, por supuesto que lo haces.
—N-no, no es eso.
—Nunca me importó antes, pero esta vez te pediré que hagas un trato conmigo.
—¿Un… trato?
Me miró con los brazos cruzados.
—Seduce al Príncipe Heredero con todas tus fuerzas.
«¿Qué?»
—Ponlo de nuestro bando. Como quieras hacerlo.
—¿No? Cariño, espera un minuto...
—Si haces eso —Sylvester me miró y sonrió con los ojos—, te concederé el divorcio.
Athena: ¿Cómo? No me esperaba nada de esto. Mucho menos que este incitara a robar y lo hiciera perfectamente. Y menos aún que le diga a esta que seduzca al príncipe para ponerlo de su lado. Bueno, novela, tienes mi interés. Creo que me voy a reír.