Capítulo 85
—Jeje, intentad adivinar.
—…No podría ser el Duque, ¿verdad?
—Ah, me olvidé de explicar algo.
—¿Qué es?
Jace exhaló un suspiro de alivio al darse cuenta de que no era Ciel.
—Como son mis manos y mis pies, no son Espers.
—Entonces…
—Además de mí, se han manifestado más Guías nuevos en este mundo. La Diosa lo hizo directamente. Y me dijo que usara a esos Guías como mis sirvientes.
Jace se detuvo ante las palabras de Seo-yoon. El incidente de ayer pasó por su mente. Incluso sin que ella lo dijera, parecía saber instintivamente quién era.
El sentimiento de aquella vez resurgió y su corazón comenzó a acelerarse extrañamente.
—¿La mujer que el duque trajo como compañera? Ella será mi sirvienta. ¡Ya me gusta mucho!
Mientras hablaba con una voz bonita, un escalofrío recorrió los ojos de Seo-yoon y sus labios se torcieron sutilmente, pero Jace, perdido en sus pensamientos, no reaccionó.
¿Lady Closch era una Guía?
—Por eso vine a llevarla al templo de inmediato. Ella todavía está aquí, ¿no?
Tarareando una melodía, Seo-yoon preguntó, pero no recibió respuesta de Jace.
—¿Su Alteza?
—Ah, sí. Ella está aquí.
Los ojos de Seo-yoon se entrecerraron ante su respuesta algo dudosa.
Justo cuando estaba a punto de hablar, el jefe de los asistentes llamó a la puerta y gritó:
—El duque ha venido a veros, alteza. ¿Qué debo decirle?
Jace sintió que su mente corría.
¿Podría ser que Ciel ya lo supiera? ¿Que la joven dama de la Casa Closch era una Guía? ¿Fue por eso que siempre actuó de esa manera?
Pensándolo bien, la actitud de Ciel hacia la santa no había cambiado. Y él no había recibido la guía de la santa.
Jace no había pensado mucho en ello en ese momento, pero ahora que todo estaba conectado, tenía sentido.
¿Podría ser que Ciel hubiera rechazado deliberadamente la guía de la santa?
No lo había creído posible, pero ¿y si Ciel ya había recibido guía de Lady Closch?
Sus pensamientos se expandieron sin control. Entonces Seo-yoon le habló.
—¿Qué estáis haciendo? ¿Por qué no lo invitáis a pasar?
Seo-yoon consideró que la situación era una ventaja para ella y quiso decírselo directamente al duque, que una vez se atrevió a burlarse de ella.
«Esa mujer que tanto te importa es simplemente mi sirvienta. Y con los privilegios de una santa y el poder del templo, te quitaré a esa mujer».
Mientras Seo-yoon tenía una expresión triunfante, el rostro de Jace se oscureció cuando le ordenó al sirviente principal:
—Dejad entrar al duque.
—Sí, Su Alteza.
Poco después, Ciel entró en el salón, perfectamente vestido, y le hizo una reverencia a Jace antes de ponerse de pie una vez más.
—Os pido disculpas por molestarla temprano en la mañana, Su Alteza.
—Bueno… ¿Qué te trae por aquí, duque?
Seo-yoon miró con enojo a Ciel por no saludarla, a pesar de que ella estaba claramente a la vista. Había pensado que este hombre simplemente era indiferente hacia ella, pero ahora parecía entender un poco más.
—¿No aparezco ante los ojos del duque? Alteza, ¿no me veis? ¿Me he vuelto invisible?
—Eres muy visible, Santa. Duque, ¿qué haces, no saludas a la Santa primero?
Ciel pareció entender por qué el Sumo Sacerdote le había enviado a alguien por la noche, al presenciar a Seo-yoon revelando su verdadera naturaleza ahora.
—Me disculpo, pero no me había dado cuenta de que la Santa estaba aquí. ¿Quién podría imaginar encontrar a una dama presente en un lugar donde solo debería estar Su Alteza? Pensé que tal vez Su Alteza había tomado una amante para aliviar su soledad.
El comentario sarcástico de Ciel, evidente para cualquiera, enfureció a Seo-yoon, y Jace sintió lo mismo.
—¡Duque! ¡No puedo pasar por alto este comportamiento hacia la Santa!
—Le pido disculpas, Alteza, pero no esperaba que la Santa estuviera en el salón, cerca de los aposentos de Su Alteza, a esta hora.
A pesar de los regaños de Jace, Ciel permaneció imperturbable e incluso se adelantó.
—Tenía prisa y no me sentía bien. Por favor, comprended.
Y deliberadamente omitió a quién le estaba pidiendo comprensión, dejándolo ambiguo.
—¿Qué asunto urgente te trajo aquí?
—Bueno, anoche recibí un mensaje urgente. Aparecieron monstruos en el territorio de Closch. Por lo tanto, bajo mis órdenes, envié a la familia Closch de regreso a sus dominios.
—¿Anoche?
—Sí. El barón no puede quedarse aquí mientras hayan surgido monstruos. ¿No es así, Santa?
—…Sí.
Jace se quedó desconcertado por las palabras de Ciel. La razón era un poco complicada y lo dejó momentáneamente sin palabras.
Quería volver a sentir esa energía de ayer…
No.
No podía perdonarse el tener tales pensamientos delante de la santa.
—Entonces ¿quieres decir que esa chica ya regresó?
Seo-yoon preguntó en voz alta en ese momento. Los ojos de Ciel temblaron levemente.
—Esa es una forma un poco inapropiada de referirse a ella. ¿”Esa chica”?
—…Ah, no podía recordar exactamente su nombre.
Jace la vio tropezar con esa mentira torpe. Era una faceta de ella que no le resultaba familiar.
—Ahh, ya veo.
Ciel respondió sin emoción, ocultando cualquier rastro de sentimiento. Seo-yoon, sintiéndose disgustada con su reacción, habló:
—En realidad vine a verla, pero es una pena.
—¿Por qué vino a conocerla?
—¿Necesito explicarle los asuntos confidenciales del templo, duque?
—Ah, entonces es un asunto confidencial lo que la trajo aquí tan temprano. No tiene que decírmelo. Hablaré yo mismo con el Sumo Sacerdote.
Seo-yoon confesó rápidamente, temiendo que la situación pudiera salir mal si Ciel se reunía con el sumo sacerdote.
—Bueno, eh, ya que es el duque del Imperio Stern y un Esper... No estaría mal que lo supiera.
—Está bien.
—La mujer que trajo como compañera al baile de anoche, esa mujer ha sido elegida por la Diosa para ser mis manos y mis pies. Para ser mi sirvienta. Así que vine a buscarla yo misma, pero… no sabía que ya había regresado a sus dominios.
Los ojos de Ciel volvieron a temblar ante las palabras de Seo-yoon.
¿Qué clase de tonterías estaba diciendo esta mujer ahora mismo?
—¿Realmente dijo eso la Diosa?
—¿Está insinuando que estoy mintiendo?
—¿Puedo preguntar por qué la Diosa eligió a Irene para ser tu apéndice?
Seo-yoon miró fijamente a Ciel por usar "tú" tan casualmente.
Ahora estaba segura: ese hombre no le gustaba.
¿Pero por qué?
—¿Lo sabías? Esa mujer es una Guía. Tal vez te enamoraste de ella sin siquiera darte cuenta… No es fácil que un Esper rechace a una Guía, lo sé.
Sorprendido por sus palabras, los ojos de Jace se dirigieron hacia Ciel.
Ciel, por otro lado, observó tranquilamente a Seo-yoon, luego abrió lentamente la boca.
—Entonces, ¿estás diciendo que todo es porque ella es una Guía?
—Sí, así es.
—Eres una Santa porque eres una Guía. Entonces, ¿por qué ella debería convertirse en tu sirvienta?
—¿Qué quieres decir?
Jace observó su respuesta con atención, como si estuviera presenciando algo terriblemente desconocido.
Ciel respondió con una mueca en los labios.
—Si Irene es una Guía más poderosa que tú, ¿no debería ser la Santa? Tal vez la Diosa la señaló porque es más adecuada que tú, que un día podrías desaparecer de este mundo.
—¡Qué estás diciendo!
Seo-yoon tembló de rabia.
«¿Qué está diciendo este hombre? ¡Todos me respetan y me admiran! Todo porque…»
De repente, un pensamiento la golpeó como una descarga eléctrica, haciéndola temblar. La única razón por la que el imperio la respetaba era porque era la Santa, la hija elegida de la Diosa.
¿Pero qué pasaría si perdiera ese título?
—No es imposible. Y como la voz de la Diosa no solo la puede escuchar la Santa, podemos confirmarlo con mayor precisión consultando al Sumo Sacerdote.
—Soy… superior. Di algo que tenga sentido.
—Oh, no sé nada de eso. ¿No te equivocaste al guiarme, Santa?
—Esa mujer tampoco guio a Su Alteza el príncipe heredero, ¡así que aún no lo sabes!
—…Bien.
Ciel frunció el ceño al recordar a Irene, que ya había guiado a otro Esper. Habría preferido que ella lo guiara solo a él, pero ese no era el problema principal en ese momento.
—Su Alteza.
—…Adelante, duque.
Jace volvió a prestar atención al oír el llamado de Ciel. Lo miró con severidad y los ojos claros de Ciel brillaron intensamente.
Sabía muy bien cuándo su amigo, el duque, tenía esa expresión. Era la mirada fría, depredadora, reservada sólo para aquellos a quienes consideraba enemigos.
Jace estaba seguro de que esa mirada no estaría dirigida a él.
Entonces ¿a quién consideraba el duque un enemigo?
Athena: Pues obviamente a la zorra de al lado. Es que eres imbécil, príncipe. Pero sé que los Espers podéis tener la mente muy estrecha con lo de las Guías.