Capítulo 206
Los ojos de Kaywhin se abrieron.
—Esposa, ¿qué estás haciendo aquí…?
—Necesitamos hablar.
Yelena tiró de su brazo sin esperar respuesta. Kaywhin se dejó llevar por su débil fuerza. Yelena lo llevó a la habitación en la que se había estado escondiendo y luego cerró la puerta.
En cuanto la puerta se cerró con un ruido fuerte, Yelena empujó a Kaywhin contra la pared. Lo miró y se mordió ligeramente los labios.
Los ojos de Kaywhin temblaron mientras Yelena lo miraba.
—…Esposa.
—¿Por qué me estás evitando?
—Eso es…
—Ni se te ocurra decir que no lo hiciste o que sólo lo estoy imaginando.
Yelena apretó los puños.
Necesitaba coraje, el coraje de escuchar la razón por la cual su marido la evitaba.
Su corazón latía aceleradamente por el miedo y de repente sintió la necesidad de escapar de esa situación, pero no podía huir así.
—Mis disculpas, señora. El duque está ocupado con el trabajo…
La criada le dijo con cautela a Yelena, después de salir del estudio de Kaywhin.
Era la primera vez que el marido de Yelena la rechazaba. El mismo marido que ni siquiera le había impedido entrar en su estudio cuando no eran más que unos desconocidos. Su excusa era que estaba ocupado, pero Yelena se dio cuenta, con solo ver la expresión preocupada de la criada, de que eso era mentira.
—¿Qué pasa si le digo que lo esperaré adentro hasta que termine de trabajar?
—Ah, eso… no creo que hoy sea un buen día…
—…Está bien.
Incluso ahora, era difícil describir lo que Yelena había sentido cuando se dio la vuelta.
Se había sentido como aquella vez que le habían prohibido entrar a la habitación de Kaywhin cuando él estaba enfermo.
No, la sensación de traición y conmoción fue aún mayor esta vez.
Yelena estaba triste y enojada. Se sentía vacía, nerviosa y una parte de ella también desconfiaba. La invadían tantas emociones distintas que no podía ponerles un nombre exacto.
Pero al mismo tiempo, estaba segura de una cosa.
«Tengo que hacer algo».
Si ella se quedaba allí, no se resolvería nada.
La misma situación había ocurrido en el pasado. Yelena había trepado a un árbol a altas horas de la noche para llegar al balcón del segundo piso. Gracias a eso, pudo averiguar por qué su esposo le había prohibido entrar a su dormitorio.
«Esta vez es lo mismo».
Por lo general, a esa hora, Yelena ya estaría profundamente dormida. Yelena había forzado sus ojos somnolientos a abrirse y se había instalado en la habitación contigua al dormitorio de su marido.
A ella le preocupaba quedarse dormida y perderse su presencia, pero afortunadamente reaccionó rápidamente al sonido de los pasos y la presencia de su marido.
Yelena respiró profundamente.
Hacía tiempo que había olvidado que había sido ella la que había evitado a su marido primero. Miró a Kaywhin con una mirada que decía que no se rendiría, ni siquiera haría concesiones, hasta que él le diera una razón.
—Dime, ¿por qué me estás evitando? Cualquiera que sea la razón…quiero saberlo.
—No es tu culpa, esposa.
Kaywhin, con la espalda apoyada contra la pared, miró a Yelena y meneó la cabeza.
—Es mi propio problema. Así que…
—Quiero saber cuál es ese problema.
Yelena recordó una conversación similar que ella y su marido tuvieron en el pasado.
Cuando Yelena le preguntó por qué no compartían la cama a pesar de estar casados, su marido simplemente dijo que era “su problema” y evitó dar la verdadera respuesta durante mucho tiempo.
¿Cuánto tiempo le había llevado finalmente obtener la verdadera respuesta?
«No».
Esta vez no podía esperar tanto. Su pecho estallaría de frustración. Iba a obtener su respuesta allí mismo, ahora mismo, sin importar lo que costara.
Yelena se acercó a la puerta con una mirada decidida en su rostro. Bloqueó la única salida con su cuerpo y luego habló.
—No puedes irte hasta que me lo digas.
—Yelena.
—No me voy a mover. Ya sabes que cumplo con mi palabra. Hablo en serio, así que si quieres pasar toda la noche aquí conmigo, entonces continúa manteniendo la boca cerrada como ahora.
Yelena miró fijamente a Kaywhin, pero aún así, no parecía intimidante en absoluto.
Kaywhin, que estaba mirando a Yelena con una mirada nerviosa, abrió la boca.
—No será bueno para tu salud si te quedas despierta después del amanecer.
—¿Estás preocupado por mí ahora mismo? Te estoy amenazando.
Yelena se quedó estupefacta por la preocupación que escuchó en la voz de Kaywhin.
—Si estás preocupado, entonces dime el motivo. Por favor.