El Sueño del Cazador

V

Cuando abrí los ojos, volvía a estar en el Sueño del Cazador, el mismo lugar en el que aparecimos la primera vez tras perecer ante el enorme lobo.

—Ha funcionado. —susurré, sorprendido de haberlo hecho por mí mismo.

—Esta vez lo has podido hacer solo. Aprendes muy rápido. —me felicitó una cálida voz justo a mi lado.

Arya se encontraba a mi lado, mirándome con una sonrisa sincera.

—Oh, si la primera vez no me hubieses guiado no habría conseguido resultados. —contesté un poco avergonzado.

—Estoy segura de que no sería así. —La muchacha se quitó de la espalda el enorme hacha modificada que portaba, para emitir un suspiro de alivio justo después —No es lo más cómodo de llevar a la espalda, la verdad.

—Podrías transformarla de nuevo para que te sea más agradable de portar. —aconsejé mientras observaba el arma.

—Aún no he probado a hacerlo… —me dijo algo nerviosa —Y me parecía más cómoda para mí así, porque puedo mantener cierta distancia de seguridad.

—Entiendo. –contesté mientras desviaba la mirada –A todo esto, ¿cómo lo has hecho? No esperaba que un arma se pudiera modificar de esta forma.

—Creo que… —comenzó a tocar el mango del arma en su mitad más o menos, buscando algo, consiguiendo al cabo de unos segundos meter gran parte del mango por dentro de nuevo, devolviendo al hacha su aspecto original –Como pensaba, el mismo mecanismo que accioné sirve tanto para alargar el arma como para encogerla.

La muchacha me tendió el arma para que la examinase. En efecto, una pequeña muesca cercana a la mitad, si era accionada, permitía deslizar los extremos del arma para cambiar su forma. Era un truco bastante ingenioso, y rápido.

—Nunca había visto un arma así. Es bastante impresionante. –admití mientras se la devolvía –Me pregunto cómo se les ocurrió hacerlas; los diseños debían ser muy complejos.

—Puede que los Mensajeros puedan darnos información, como con los viales. –me miró pensativa –Tu arma, quizás también es convertible.

—¿Esta? –pregunté mientras agarraba la cuchilla dentada que había usado –La verdad es que no lo había pensado.

Con cuidado, comencé a analizarla para determinar si había algún pequeño mecanismo que pudiese modificar el arma. Tanto el mango como la cuchilla parecían normales; sin embargo, en la junta del mango y la cuchilla había una especie de pequeña palanca que se conectaba al mango en su parte superior. Curioso, accioné el dispositivo, que hizo que la cuchilla girara completamente, transformándola en una más larga con mayor alcance.

—Oh, vaya. –dije sorprendido ante el cambio.

—Así que también puede transformarse. –dijo la joven, interesada –Estas armas de cazadores son impresionantes.

—Lo cierto es que sí. –apoyé mientras probaba el arma, para luego devolverla a su forma original. Una vez lo sabías hacer, era bastante dinámico y fácil. Además, esta arma me permitía seguir usando en la otra mano la pistola. –Puedo sacarle bastante partido. –alcé la vista, mirando a nuestro alrededor —¿Qué habrá al otro lado de esa puerta enrejada? –pregunté mientras señalaba tras Arya.

La muchacha se giró para mirar a donde me refería.

—No lo sé… La otra vez ni siquiera me fijé en ella. –contestó mientras se acercaba para intentar abrirla, en vano –Es como si hubiese un jardín al otro lado.

Llegué hasta su lado para intentar visualizar mejor lo que se abría ante nosotros. En efecto, tal y cómo ella había dicho, una especie de jardín lleno de unas tenues flores y hierba alta se abrían en ascenso a lo que parecía una colina, aunque desde nuestra posición no podíamos ver más allá. Aun así, parecieran vislumbrarse tumbas al fondo del lugar, volviendo el terreno más tétrico.

—En cualquier caso, creo que deberíamos averiguar aquello. –dijo mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar.

Empecé a seguirla mientras observaba su rápido y seguro paso. Su pequeño cuerpo contrastaba con las peligrosas armas que portaba con su firme andar, que hacía ondear la falda de su roto vestido manchado de sangre.

La imagen por sí misma daba qué pensar; cualquiera que se topara con ella se preguntaría qué habría llevado a esa chica a una situación con la que evidentemente no se la veía familiarizada. Yo mismo me lo preguntaba. Aún tenía la imagen de ella flotando en ese extraño líquido, esperando durante tantos años, sola…

—¿Vamos? –me sorprendió Arya, interrumpiendo mis pensamientos.

—Oh, claro. –contesté mientras me ponía a su altura en el camino.

—¿Ocurre algo? –preguntó mientras intentaba descifrar mi expresión.

—¿Eh? No, no. –respondí con una leve sonrisa. Prefería que no supiese que la estaba compadeciendo en mis adentros –Todo bien.

—Vale. –dijo no muy segura, mordiéndose el labio –Deberíamos ir a la fuente donde estaban esos pequeños seres. O puede que aquel anciano pueda decirnos algo si se presta a ello… —cambió de tema.

Asentí a modo de respuesta mientras terminábamos de recorrer el pequeño camino hasta la explanada antes de las escaleras que llevaban al edificio donde encontramos al viejo.  Sin embargo, algo nos hizo parar en seco justo cuando llegamos a la base de la llanura. Arya dejó caer el hacha sin querer y me agarró con fuerza al ver lo que nos esperaba allí.

—¿Qué…? ¿Cómo puede…? —farfulló asustada mientras miraba con los ojos muy abiertos hacia el frente.

Ante nosotros se encontraba la muñeca que previamente habíamos visto antes de volver a Yharnam, solo que ahora estaba de pie frente a las escaleras y mirándonos con unos ojos hipnóticos de un hermoso color verdoso, tan tenue que podían confundirse con un leve tono de gris. Su cara, llena de tranquilidad y que demostraba inteligencia. La muñeca estaba… ¿viva?

Instintivamente agarré el arma pesada que llevaba con fuerza mientras respiraba hondo.

—Se supone que este lugar es seguro. –susurré a Arya intentando tranquilizarnos a ambos –No debe ser nada… malo.

—La muñeca se ha movido, nos mira, no es posible. –dijo asustada mientras con delicadeza y lentitud recogía su enorme hacha –Aunque no sé ya de qué debería sorprenderme… —suspiró.

—Acerquémonos con cuidado. No tiene por qué ser hostil. Los Mensajeros no lo son. –relaté, tanto para ella como para mí, intentando tranquilizarnos.

La joven asintió, nerviosa pero a la vez decidida, sujetando el arma con tanta fuerza que los nudillos de las manos estaban totalmente blancos. Juntos, fuimos hasta la muñeca viviente con precaución. Cuando estábamos a unos dos metros de distancia, ésta nos sonrió y nos hizo una pequeña reverencia inclinándose hacia nosotros.

—Hola, queridos cazadores. –nos habló con una voz muy suave y dulce, que transmitía una gran sensación de paz a quien la escuchaba –En este lugar, soy una muñeca que os cuida. Mientras estéis aquí, os proporcionaré todo aquello que necesitéis en lo referente a vuestra higiene y salud, así como os ayudaré a canalizar los ecos de sangre que dispongáis para poder fortalecer vuestro cuerpo y mente. Podéis usarme todo lo que deseéis. –volvió a hacer una reverencia y dio un paso atrás para situarse al lado de la escalera, donde previamente la encontramos.

—¿Cómo? –preguntó Arya, que ya no tenía el cuerpo tenso y había cambiado su rostro a uno de incomprensión —¿Cómo que serás tú quien se encargue de nosotros?

—En el Sueño del Cazador, yo siempre he servido a los cazadores que moraban en él. Los Mensajeros les proporcionaban los materiales y armas que necesitaban mientras que yo me encargaba de su bienestar. –respondió con la misma voz serena y neutra –Espero poder satisfacer vuestras necesidades lo mejor posible.

—Pero… —Arya miró hacia el edificio, consternada —Y entonces aquel hombre que vimos allá arriba, ¿por qué está aquí?

—¿Te refieres a Gehrman? –preguntó la muñeca –Fue un cazador hace mucho tiempo, pero ahora solo ofrece sus consejos. Si tenéis alguna duda con respecto a la ciudad o la lucha, él puede guiaros.

—Ah… Entiendo. –dijo la joven mientras asimilaba la información –Muchas gracias por… todo. –añadió tras una pausa.

La muñeca se limitó a sonreír como respuesta, mirándonos con su bonito y tranquilo rostro.

—Entonces… —me atreví a decir —¿Qué puedes decirnos de este lugar? Sabemos que es donde podemos reponernos y demás pero… —miré a mi alrededor –Aún no me hago mucho a la idea de ello.

—Este lugar será vuestro refugio y centro de operaciones hasta que vuestra misión sea concluida… o vuestra vida. –nos dijo la muñeca –Como ya sabéis, las tumbas que hay a nuestro lado sirven para poder trasladaros a cualquier lugar de Yharnam. Aquellas que tenéis en la otra escalinata que lleva al edificio –dijo señalando las escaleras que rodeaban la fuente de los mensajeros, que llevaban al mismo edificio aunque por un camino más largo –os ayudarán a ir a otros lugares si encontráis los objetos necesarios para ello. Son los “Altares Rituales”.

—¿Altares rituales? –la interrumpí, ante lo mal que sonaba aquello —¿Cómo sacrificios y esas cosas?

—Parece ser que se necesita de un cáliz venerado hace mucho tiempo.  –respondió –Sin embargo, es Gehrman quien conoce el funcionamiento de ello.

—Vale…

—Aquella fuente bajo las escaleras contiene a los Mensajeros que os ayudarán a conseguir objetos a cambio de ecos de sangre. Los Mensajeros… —ladeó la cabeza –no hablan, pero son tan monos… —le salió una pequeña sonrisa que le iluminó la cara, volviéndola aún más bella de lo que era.

—¿Por qué el precio son los ecos de sangre? –preguntó Arya.

—Ellos son capaces de utilizar esa energía para crear diferentes objetos que precisen de la esencia de la sangre, como la sangre que suelen usar los cazadores para mejorar su salud. –explicó.

—Y tú, ¿cómo eres capaz de usarlos? Bueno, y  para empezar, ni siquiera sabemos bien qué son esos ecos de sangre a ciencia cierta. –expresé.

—Los ecos de sangre podéis conseguirlos de los enemigos caídos. La Marca de Cazador que tenéis grabada os permite conseguir dicha energía. Antiguos cazadores que pasaron por aquí me explicaron que es una energía cálida que aparece como una tenue luz violeta cuando acababan con sus presas. –explicó la muñeca.

“Entonces sí que era esa luz” pensé mientras asimilaba la información.

—Dicha energía podéis canalizarla para poder ofrecérsela a los Mensajeros, u ofrecérmela a mí para poder fortaleceros. –continuó explicando.

—Pero no sabemos cómo hacer eso… —dijo Arya un poco disgustada.

—Es sencillo. –dijo la muñeca mientras cogía una de las manos de Arya con delicadeza entre las suyas –Cierra los ojos. –le ordenó –Al igual que buscáis cómo llegar a un lugar de Yharnam por medio de las lápidas, podéis buscar de manera análoga la energía de los ecos de sangre que descansa en vuestro interior.

Haciendo lo que decía, intenté concentrarme en ello mientras nos hablaba buscando en mi interior. Sin embargo, el gritito de sorpresa de Arya me desconcentró. Al mirar en su dirección, vi que una neblina rojiza del color de la sangre flotaba en la mano que sostenía la muñeca.

—Muy bien. –le sonrió –Esta energía es de la que hablamos.

—Vaya Arya, tienes mucha capacidad espiritual. –la alabé sorprendido.

—No… No sé. –se sonrojó mientras la energía desaparecía de su mano.

La muñeca pasó entonces a coger mi mano derecha (que no sostenía ningún arma) para repetir el proceso conmigo. Sus manos, aunque deberían ser frías por carecer de riego sanguíneo propio, eran cálidas y suaves. Y sobre todo, trasmitían paz. Todo en su persona pareciera que estuviese hecho para tranquilizar.

Cerré los ojos, intentando buscar en mi interior dicha energía. Temía que fuese algo complicado, pero la calidez de las manos de la muñeca era como una guía para mí, que fue sumiéndose más y más en mi interior hasta llegar a una zona donde era capaz de sentir algo que no me pertenecía pero que me acompañaba: una energía, fuerte, vivaz y poderosa. Centrándome en ella, intenté drenarla al exterior, sintiendo un fluir hacia afuera que se volvía frío para mi cuerpo.

Cuando abrí los ojos, la misma neblina rojiza que Arya sostuvo previamente, se encontraba en mi mano.

—Increíble. –susurré anonadado ante el logro mientras Arya me miraba con una hermosa sonrisa de satisfacción.

La muñeca me sonrió y apartó sus manos de mí, provocando que la energía desapareciese poco a poco de mi mano y volviese a mi interior.

—Ahora que ya sabéis cómo hacer emerger los ecos de sangre, dejadme mostraros el Sueño del Cazador. –nos dijo la muñeca con una sonrisa.

Comenzamos a andar a su lado mientras nos dirigíamos hacia la escalera opuesta a la que nos encontrábamos.

—En el edificio que hay sobre las escalinatas podréis encontrar a Gehrman generalmente, además, podréis almacenar aquello que encontréis, fortalecer y reparar armas… Todo aquello que necesitéis como Cazadores a excepción de los materiales que venden los Mensajeros.

—Vale. –dije mientras ascendíamos por las escaleras –También descansaremos allí, imagino.

—Oh, no. –sonrió la muñeca con gracia –Aquello a lo que podríais llamar un hogar se encuentra por aquí. –dijo mientras señalaba hacia la maleza justo encima de las escaleras.

—Pero aquí no hay nada… —susurré confuso.

Sin embargo, estaba equivocado. Si te fijabas más, un pequeño camino se abría entre las altas hierbas y, al contrario que lo que habíamos recorrido, no estaba vallado. La muñeca comenzó a andar por el camino, que bajaba en una pequeña pendiente. Tras bajarla, a unos cincuenta metros de distancia se visualizaba un edificio de piedra que recordaba al de una típica casa de campo, pero con los detalles góticos típicos de la ciudad y del edificio principal del Sueño del Cazador.

—Oh, es preciosa. –exclamó Arya  maravillada.

—¿Y esto? –pregunté anonadado.

—Este será vuestro lugar de descanso mientras desempeñéis vuestro trabajo como cazadores, ya que la Noche de la Cacería es larga… —explicó la muñeca mientras bajaba el tono de voz.

—¿Larga? –pregunté un tanto suspicaz. Ya habían dicho varias veces eso de que la noche es larga –Si no he entendido mal, nuestro contrato se extiende toda la Noche de la Cacería, y nuestro trabajo consiste en matar a esas bestias que pululan por la ciudad, pero… si solo es una noche, ¿para qué necesitamos una casa donde descansar?

—La Noche de la Cacería… Es una fecha especial. –explicó Muñeca mientras me miraba con tranquilidad –Ocurre una vez cada año, es cuando los Cazadores hacen una gran labor, es el momento en el que las bestias pierden más el control.

—¿Por qué? –preguntó Arya.

—No lo sé con seguridad. –sonrió la muñeca –Tal vez Gehrman pueda proporcionaros más datos.

—¿Cuánto dura la noche? –pregunté, sintiéndome cada vez más inquieto.

—La noche de la cacería se extiende al equivalente de veintiocho días. –contestó Muñeca.

—¿Qué? –noté que me faltaba un poco el aire.

—¿Veintiocho días? ¿Cómo es eso posible? –preguntó Arya, consternada por la información.

—No tiene sentido. No es posible; el resto del mundo no tiene nada como eso. –dije apresurado –Una noche de veintiocho días… No es posible.

—Me temo que hay muchas cosas en Yharnam que escapan al entendimiento humano. –sonrió con calma la muñeca.

No hacía falta que me lo dijese. Hacía muy poco tiempo que llevaba en la ciudad, y ya me habían ocurrido cosas que nunca creí posibles: morir y volver a la vida, el Sueño del Cazador, las bestias de Yharnam, los humanos locos, Arya… Aún no entendía casi nada. Solo sabía que tenía que cazar bestias durante una noche extraña. El creer antes que el contrato solo se extendía a una noche me había tranquilizado, pero ahora… Veintiocho días en la oscuridad de la noche me parecía inverosímil. Complicaba mi vuelta a la vida normal, a mi vida deseada…

—Venid, os enseñaré la casa. –dijo Muñeca mientras se dirigía a ésta, seguida por Arya, que tenía un rostro pensativo en esos momentos.

Eché un vistazo al que sería nuestro hogar durante el contrato. Verdaderamente, la casa era bastante bonita. De piedra oscura y forma rectangular con dos pisos de altura. La puerta era de madera con intrincados detalles y pomos de hierro. Cuando entramos en el interior de la vivienda, se abría a un amplio salón decorado con exquisitez: librerías llenas de libros, cuadros antiguos, sofás de terciopelo, hermosas alfombras, mesa comedor tallada… Era un lujo. La habitación contigua a esta era la cocina y despensa, las cuales estaban completamente equipadas para hacer todo tipo de comidas. Al otro lado del salón se encontraba una sala de estar y lindante a ésta, un pequeño aseo.

En la planta superior había una pequeña biblioteca, donde antiguos cazadores habían ido dejando sus memorias mientras llevaban a cabo su misión; un enorme baño; y por último, se encontraba el dormitorio. Era bastante bonito, con una enorme cama al fondo, grandes armarios, estanterías, un tocador con espejo, un arcón a los pies de la cama y una cómoda junto al tocador. A un lado de la habitación, junto al gran ventanal, se encontraba una pequeña mesita con dos sillones.

Sin embargo, aunque la casa era de ensueño, había un pequeño fallo.

—¡¿No hay ninguna habitación más?! –exclamé cuando me di cuenta de ello.

—Hasta ahora nunca hizo falta nada más. –respondió la muñeca con tranquilidad –Siempre fue un único cazador en este lugar.

—Entonces, ¿cómo vamos a dormir? –pregunté, nervioso.

—No debería haber problema porque la cama es muy grande. –respondió la muñeca con serenidad.

Yo la miré con los ojos muy abiertos mientras asimilaba lo que estaba diciendo. No podía dormir con Arya en la misma habitación, eso no era posible. Sería muy vergonzoso y ella se sentiría atacada…

—Bueno, yo creo que tiene razón. –dijo la muchacha girándose hacia mí –Es bastante grande y creo que podremos dormir bien.

“¿Qué le pasa a esta chica?” me pregunté cuando dijo eso, atónito “Nunca antes había oído algo así"

—No creo que sea buena idea. –contesté entrecerrando los ojos.

—Oh, ¿pero por qué?

—Arya, ¿no crees que dormir todas las noches con un chico que no conoces de nada está un poco fuera de lugar? –pregunté.

—Ah, pues… No había pensado en ello. –contestó, sonrojándose –Pero está bien, a mí no me importa. Te conozco…

—Dormiré en el sofá. –concluí entrecerrando los ojos –Puede que de donde yo vengo estas cosas sean mucho más íntimas que aquí. –suspiré.

—Oh… En realidad no sé muy bien qué está bien en esta sociedad y qué no… —sonrió avergonzada –Pero puede que tengas razón. –se sonrojó aún más.

—Cazadores, —intervino la muñeca –ya os he enseñado todo lo que necesitáis saber. Si me necesitáis para cualquier cosa, estaré en la zona cercana al lugar de trabajo. –dijo mientras abandonaba la habitación.

—Adiós… —se despidió Arya un poco indecisa.

La joven miró hacia la ventana mientras se mordía el labio.

—Podemos turnarnos para dormir aquí. –dijo –No es necesario que duermas en el sofá tu solo.

—No te preocupes por eso. –contesté.

—Insisto. –reafirmó la muchacha, esta vez dirigiendo sus ojos grisáceos hacia mí.

—Bueno, ya veremos. –le respondí intentando no ser descortés.

—¿Por qué no quieres dormir conmigo? Quiero decir,  —se puso colorada –si hay algún motivo especial. Al fin y al cabo solo es dormir….

—Ah… —ahora el que se sonrojaba era yo –Bueno, en donde yo crecí las cosas entre un hombre y una mujer deben reservarse un poco para cuando tienes una relación con ella.

—¿Una relación?

—Una relación amorosa. –aclaré, mirando al suelo, nervioso –Supuestamente. –tragué saliva —Por eso no estaría bien que yo durmiese contigo si no tengo ese tipo de relación… Además, sentiría que traiciono a Lisbeth si duermo con otra mujer.

—¿Quién… quién es Lisbeth? –preguntó, bajando el tono de voz.

—Lisbeth… es mi prometida.

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Primera Sangre