Primera Sangre
IV
—Es… Asombrosa —dije maravillada.
—Yo también pensé lo mismo cuando la vi por primera vez —confesó Kilian mientras miraba la ciudad que se abría ante nosotros—. No parece haber cambiado nada desde que vine… La misma apariencia de muerte cubre las calles, y la sangre sigue revistiendo parte de ellas –relató mientras comenzaba a andar, dirigiéndose a unas escaleras que bajaban hasta un pequeño mirador—. Y los cadáveres siguen abandonados en el pavimento.
—Oh, Dioses… —susurré mientras me arrodillaba frente al cuerpo sin vida de un hombre de mediana edad, al que habían atravesado el pecho. No parecía que llevase mucho tiempo en ese estado, la sangre aún parecía fresca—. Es horrible… ¿Esto… lo mataron las bestias? —Volví la vista a Kilian, que observaba el cadáver con incomodidad—. ¿Viste todo esto al llegar a la ciudad?
—Sí —contestó mientras desviaba la mirada del cuerpo, bastante serio—. El carruaje que me trajo hasta aquí tenía ventanas por las que mirar. Conforme pasaba el tiempo, más me iba arrepintiendo de venir a este lugar.
—¿Carruaje? ¿Arrepentirte?
—Al parecer, los extranjeros solo pueden entrar a la ciudad supervisados por alguien de la propia Yharnam, y deben ser traídos en carruaje hasta aquello por lo que habían venido. Tienen una política muy estricta en ese sentido —farfulló.
«Así que Kilian no es yharnamita…» pensé, un poco sorprendida ante la noticia.
—¿Por qué desconfían tanto de los extranjeros? —pregunté mientras me ponía de pie de nuevo.
—No lo sé con certeza —reconoció—. Creo que tiene que ver con el tratamiento de sangre.
—No lo entiendo —admití, confundida.
—Como habrás imaginado ya, soy un extranjero y no pertenezco a esta ciudad. Vine aquí debido a que había oído que…
Un grito de miedo y dolor atravesó la calle, acallando la explicación del muchacho.
—¿Qué… ha sido eso? —pregunté, sobrecogida.
—Será mejor que vayamos a ver —sugirió el joven, que ya se movía, con pistola y lanza dentada desenfundadas hacia el lugar de donde provenía el sonido.
Silenciosa, me uní a su rastreo, mirando a todos lados para ser consciente de cualquier pequeño cambio. Al final de la calle donde oímos el sonido, había una enorme verja cerrada que no nos dejaba pasar, y a la izquierda, se continuaba otra calle, aparentemente sin salida, al igual que por donde habíamos venido. Al fondo, parecía moverse algo.
—Creo que allí hay alguien —susurré mientras intentaba visualizar la sombra que venía hacia nosotros—. Parece… una persona.
Poco a poco, la figura de un hombre que caminaba a paso lento se dirigía hacia nosotros. ¿Sería quien había gritado?
—¿Estará herido? —pregunté un tanto preocupada al ver su andar—. Tal vez pueda decirnos algo o necesite nuestra ayuda —sugerí mientras comenzaba a andar hacia él.
—Arya, no creo que…
En ese momento, el hombre emitió un grito rabioso hacia nuestra posición. Bajo la luz del atardecer, se visualizaba un hombre alto y delgado, vestido con ropas desgastadas y sucias y que portaba una enorme hoz. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de él era su aspecto deformado. Un brazo lo tenía más largo que otro, y éste era de apariencia monstruosa, recordaba vagamente a una garra; a la vez que su cara, que parecía humana, pero deformada, con prominencia de la mandíbula, dientes afilados y ojos de aspecto lobuno, así como pelo incipiente en varias zonas de su cuerpo.
—¿Qué…? —susurré, asustada por la imagen.
El hombre comenzó a correr hacia mí con la hoz que portaba en alto, dispuesto a atacar.
—¡Muere, bestia inmunda!
—¡Arya!
Inconscientemente levanté la enorme hacha que sostenía en la mano derecha y bloqueé el golpe descendente del hombre para protegerme.
—¡Muere!
Con fuerza me empujó hacia atrás, haciéndome tambalear y tropezar. Haciendo uso del poco equilibrio que tenía, me mantuve en pie como pude mientras oía a Kilian bloquear un ataque con su arma un par de metros más atrás. ¿Había alguien más?
Concentrándome en el peligro que tenía justo enfrente, esquivé el ataque de la hoz lo más rápido que pude.
—¿Qué es lo que le pasa? ¡No somos bestias! —grité intentando razonar con él.
—¡Maldita bestia! —exclamó el hombre deforme mientras intentaba alcanzarme con su nuevo ataque con la hoz.
—¡No somos bestias!
—¡No están en sus cabales, Arya! —exclamó Kilian en la distancia, que en ese momento, se defendía contra dos hombres —¡No se puede razonar con ellos!
Volví a esquivar uno de los golpes, ésta vez demasiado cerca, notando un leve dolor en el brazo izquierdo.
—Agh… —gruñí mientras me mordía el labio, intentando no concentrarme en el dolor.
¿De verdad no podía hacer entrar en razón a esa persona? ¿Nos mataría si no hacíamos nada nosotros antes? ¿En eso se basaba todo esto ahora? ¿Él o yo? Agarrando el hacha con fuerza, miré al hombre buscando un atisbo de cordura, de lucidez, algo que me impidiese matarlo, que me ayudase a salvarlo. Sin embargo, mi atacante únicamente corrió hacia mí para desestabilizarme de nuevo, y yo, que sin darme cuenta me había colocado demasiado cerca de la pared, no iba a poder escapar a tiempo. Llena de adrenalina, paré el golpe con el hacha, pero esta vez le di una patada a mi agresor para desestabilizarlo e impedir que me atacara por un par de segundos. Fue en ese entonces cuando, sin querer, al coger el hacha con ambas manos, activé un pequeño mecanismo que hizo crecer enormemente el mango de ésta, obteniendo así un arma mucho más larga pero con el mismo filo del hacha, lo que la hacía más contundente.
—Guao… —admiré mientras sostenía el arma con ambas manos, ya que ya no podía manejarse con una.
Con el rabillo del ojo, vi cómo mi atacante volvía a la carga, dispuesto a desmembrarme con su hoz.
—No te acerques —le advertí mientras sostenía el arma con fuerza.
Pero el hombre no atendía a razones; seguía maldiciendo y atacando sin parar, obligándome a retroceder mientras bloqueaba sus contundentes ataques.
—¿Por qué no me escucha? —rogué mientras desviaba su último golpe. Era consciente de que me encontraba demasiado cerca de la pared de nuevo, lo que era peligroso si no encontraba una forma eficaz de escapar de sus vastos ataques. —Por favor, escúcheme —le imploraba; no quería hacerle daño.
Kilian se encontraba a varios metros de distancia, intentando mantener a raya a aquellos hombres que intentaban acabar con él. Al igual que yo, no parecía querer acabar con la vida de esas personas. Sin embargo, le atacaban sin piedad, llegando en un momento a herirle en su brazo derecho.
—¡Kilian! —grité, preocupada.
Sin embargo, no pude concentrarme mucho más en él, ya que mi propio enemigo me agarró y tiró al suelo con una gran fuerza.
Dolorida por el impacto con los adoquines del suelo, me volteé lo más rápido que pude para bloquear el ataque descendente con el que pretendía atravesar mi cuerpo con su enorme hoz. Haciendo uso de toda la fuerza que pude, desvié el arma y gané tiempo para ponerme de pie.
Observé al hombre, que había recuperado su posición de ataque y volvía hacia mí.
«Está loco, no es normal… No es… humano» pensé asustada mientras agarraba con fuerza la enorme hacha larga. «Debo ayudar a Kilian pero…» miré al hombre, con miedo. ¿Lo era realmente?
—No… se acerque, por favor. Escúcheme… —supliqué, en un último intento de hacerlo entrar en razón.
Sin embargo, el hombre solo abrió la boca en un grito lleno de ira con el fin de destrozarme.
—¿Por qué, por qué…? —pregunté en voz baja, esquivando de nuevo un ataque feroz.
—¡Condenada! —gritó el loco.
Oí el sonido de la sangre al derramarse, el sonido de una gran herida al abrirse, y el sonido del dolor. No había otra manera.
—Kilian…
Debía actuar, ya.
«Lo siento» me disculpé en silencio mientras comenzaba a avanzar, esta vez, con decisión.
Sin pensarlo más, ataqué con el nuevo arma modificada horizontalmente, ganando así gran fuerza rotatoria, alcanzando al hombre en el abdomen, que volvía a atacarme. Un reguero de sangre salió de su vientre, que estaba gravemente seccionado hasta la columna vertebral, que no había conseguido romper. Aun así, el hombre se levantó del suelo dispuesto a seguir luchando, las vísceras derramándose hacia el suelo.
«¿Cómo puede ser tan resistente?» me pregunté, horrorizada ante aquella escena de pesadilla.
Apreté con fuerza el mango alargado del hacha, paliando así mi temblor subyacente, mientras veía cómo ese ser se dirigía hacia mí con aura asesina. Levantando de nuevo su hoz firmemente sujeta, se preparó de nuevo para un ataque.
Frustrada, esquivé el ataque y lo empujé, golpeándose contra la pared, pero para mi desgracia, eso no lo dejó inconsciente ni inhabilitado, solo se volvió de nuevo hacia mí para atacar de nuevo.
Me mordí los labios, y sujeté con fuerza el arma.
«No tengo opción», pensé mientras me abalanzaba sobre él usando la enorme hacha, primero horizontal, para pasar a ataque vertical y terminar con un horizontal con giro de muñeca. Tras ese último golpe, finalmente el hombre cayó al suelo, no sin antes maldecirme de nuevo con un “bestia maldita”, para no volver a levantarse más. Justo entonces, una tenue luz violeta me invadió para luego desaparecer, como ocurrió cuando Kilian mató al lobo.
«¿Qué…?»
Con la respiración y corazón agitados, me volví a mi espalda ignorando lo sucedido, dispuesta a ayudar a Kilian lo más rápido posible, mientras quitaba el exceso de sangre de mi cara, la cual había sido salpicada por ésta tras mi baile letal.
—Eso ha sido asombroso —dijo Kilian, que me miraba sorprendido, también cubierto de sangre.
—¿Qué? —respondí confusa, al verlo a mi lado, perfectamente—. Creía que estabas… Creí que…
—No había otra manera… —me dijo—. Éramos nosotros o ellos —frunció los labios—. Cuando vi que no podía hacer nada y que corrías peligro… No dudé.
—Pero… —suspiré, intentando calmar a mi tembloroso cuerpo—. Yo hice lo mismo… —dejé caer el arma al suelo mientras me miraba las manos manchadas de sangre—. Oh, Dioses… ¿Qué he hecho? Lo he… —tragué saliva.
—Arya… —Kilian me miraba apenado—. No podías hacer otra cosa. Te hubiese matado. Ha sido en defensa propia.
—Pero… —pensé en el rostro deformado de aquel hombre, en sus movimientos, sus palabras —Ese hombre… No parecía humano… ¿Qué ha pasado aquí para que esta gente haya acabado así? —pregunté mientras desviaba la mirada al cadáver en el suelo que estaba a mi lado—. Esta gente no era normal. Parecía que hubiesen perdido la razón…
—Estaban convencidos de que éramos bestias que debían exterminar —dijo el muchacho mientras observaba el cadáver—. Locura… Pero parecían más bestias que otra cosa... Realmente no tengo claro que sean humanos. Supongo que tienes razón. Tal vez… sea algún tipo de bestia —se agachó y recogió mi arma del suelo—. Sabía que pasaba algo oscuro en esta ciudad, pero no imaginaba que varios locos irían armados por las calles —Me entregó el arma—. Es ligera, aunque en esa forma no podrás usar la pistola.
—Ya… —contesté mientras agarraba de nuevo el hacha.
—Creo que poco a poco iremos averiguando qué ha pasado en Yharnam —inquirió Kilian mientras miraba de nuevo al cadáver—. Si queremos ser libres, no tenemos otra.
—No sé si me va a gustar lo que vayamos encontrando —me sinceré tras sentir un escalofrío por mi espalda—. Tengo la sensación de que esto es solo el principio y… —miré con tristeza la sangre que tintaba el hacha— no me gusta.
—Te entiendo… —suspiró—. No esperaba verme envuelto en esta situación y aún menos arrastrarte sin querer a esto.
—No, no —le reproché al momento—. Te agradezco que me sacases de ahí. Al menos ahora puedo descubrir qué me pasó y por qué. Y… —lo miré intentando esbozar una sonrisa cálida—, al menos no estarás tan solo haciendo todo este trabajo.
El muchacho me contestó con una sonrisa, después comenzó a andar por la calle, hacia los otros cadáveres que había en el suelo, que se encontraban cercanos a una gran puerta enrejada que delimitaba el paso a otra calle, y que aparentemente estaba cerrada.
—Haremos esto lo mejor que podamos —dijo Kilian mientras recorríamos la calle. —Intentaremos ayudar a quien nos necesite.
Me daba la sensación de que intentaba de convencerse a sí mismo de lo que decía mientras avanzaba con paso firme hacia la puerta, rodeando los cadáveres. Por su expresión al pasar a su lado, estaba segura de que se sentía culpable de haber quitado una vida…
«¿Podríamos haberlo hecho de otra manera?» pensé mientras recordaba la situación con aquellos hombres. «Puede que tengamos que hacerlo de nuevo.» Me dije a mí misma mientras veía cómo Kilian sacudía la puerta, intentando abrirla de alguna forma, sin éxito. «Sin duda, habrá momentos en los que tenga que volver a usar ese arma trucada de nuevo… Espero que solo contra bestias.»
Aunque, realmente, esas personas, ¿realmente lo eran? Su aspecto, aunque humanoide, no se parecía al de una persona convencional… No había humanos con ese aspecto tan lobuno. No era posible.
Kilian se giró hacia mí con mirada interrogante acerca de lo que podíamos hacer y me sonrió al verme tan seria, a lo que respondí con otra para después darle la espalda y continuar por la calle que habíamos dejado atrás, a la búsqueda de algo que nos dejase seguir.
Sin querer pisé algo duro que me hizo dar un pequeño traspiés. Extrañada, miré a ver qué había pisado.
—¡Oh! —exclamé al darme cuenta de lo que era.
—¿Qué has cogido? —preguntó Kilian, que acababa de llegar a mi altura.
—Es un vial. Un vial de sangre —respondí mientras se lo enseñaba—. Como el que vi que vendían esos pequeños seres en el Sueño del Cazador.
—Puede que se le haya caído a uno de los cadáveres —dijo señalando con la cabeza—. ¿Pero por qué lo tendrían?
—No creo que deba ser algo extraño. Si recuerdas, en la etiqueta del vial que vimos allí explicaba que era algo muy usado por los ciudadanos… Aunque no sé si ellos lo fueran… —recordé mientras le daba a Kilian el vial—. Sirve para hacer transfusiones, ¿no?
—Sí… Imagino.
—Esto puede ayudarnos a reponer salud si lo necesitamos… Creo. Recuerda lo rápido que cerró la herida que te hizo ese lobo.
—Tienes razón —se guardó el vial en uno de los bolsillos de su pantalón—. Entonces puede que los cadáveres tengan cosas que podamos usar.
—No pretenderás…
—Podemos encontrar cosas útiles —dijo mientras comenzaba a registrar los cadáveres. —¡Mira! ¡Aquí hay otro!
—Qué emocionado se te ve… —susurré mientras observaba la escena.
—He conseguido dos más —Sonrió satisfecho mientras volvía hacia mí.
—No esperaba que saquearíamos cadáveres —reproché.
El muchacho suspiró y se metió los viales en el bolsillo.
—Yo tampoco lo veo lo más correcto, pero pensando fríamente, es algo que nos puede venir bien. Además, aún no sabemos cómo conseguir viales con esos “Ecos de Sangre”. Y… no tengo muy claro aún qué son estas… personas de todas formas —contestó, algo molesto.
Fue en ese momento cuando recordé algo que nos dijo aquel anciano en el Sueño del Cazador.
—El anciano, el anciano dijo que era una forma de energía; que la conseguiríamos al eliminar enemigos —Hice una pausa, pensando en si había algo que hubiésemos conseguido al eliminar al lobo—. ¡La luz! —exclamé cuando me di cuenta—. ¿Recuerdas esa luz que te envolvió cuando mataste al lobo?
—Sí… También por cada uno de estas… personas —dijo el muchacho—. ¿Sugieres que esa luz es esos “Ecos de Sangre”? Deberías haber sentido esa luz tú también entonces —dijo mientras miraba hacia el cuerpo caído a varios metros.
—Sí, pero, piénsalo. Puede que sea una forma de energía que podamos medir de algún modo.
—Es posible —contestó—. ¿Deberíamos entonces volver al Sueño para ver si descubrimos cómo usarlos en el caso de que se trate de ello?
—Puede ser… —dije mientras barajaba el volver a ese lugar seguro.
—Me gustaría antes investigar un poco esta zona —dijo Kilian entonces—. Al fin y al cabo, tendremos que avanzar por aquí si queremos continuar. Averigüemos primero cómo seguir por la ciudad y luego volvemos.
Lo miré dubitativa al principio, aunque era bastante lógico lo que decía, y por ahora no se veía ningún enemigo más cerca.
—Vale. —Accedí con un suspiro.
El muchacho comenzó a moverse por la calle donde había matado a aquel hombre, en busca de algo que pudiéramos aprovechar. Al fondo, además de no haber salida, había un carruaje medio roto y varios ataúdes apilados en la calle, todos ellos envueltos con gruesas cadenas.
«¿Por qué envolverán los ataúdes con cadenas?» pensé afligida ante la imagen «¿Muere tanta gente que tienen que dejar los féretros en las calles?»
—Algunas culturas supersticiosas temen que los muertos vuelvan con los vivos tras la muerte. —dijo Kilian de repente mientras miraba los ataúdes, dando respuesta a mis pensamientos—. Por ello envuelven a los féretros con cadenas para evitar que el fallecido vuelva. Eso, o la gente de Yharnam teme que roben los cadáveres de sus más allegados.
—Oh, Dioses… Eso es horrible —susurré al escuchar sus dos opciones.
—Puede que esto esté relacionado con esa maldición que mencionó aquel hombre de la silla de ruedas —inquirió el joven—. Puede que los ciudadanos piensen que los muertos se transforman en bestias. O puede que sea algo completamente diferente, no sé.
—En cualquiera de los casos, es horrible. Y triste —comenté con desazón.
Kilian se dio la vuelta, y siguió su búsqueda, mientras yo me quedé mirando la escena, tan triste y llena de muerte que me encogía el corazón.
«¿Qué le ha pasado a esta ciudad?» pensé angustiada mientras sujetaba con fuerza el hacha modificada.
—¡Arya! —gritó Kilian a varios metros—. ¡He encontrado algo, ven!
Dando la espalda a los féretros, corrí hacia el joven, que justo en ese momento parecía accionar un dispositivo situado en la pared a mi izquierda. Después de ello, oímos un sonido metálico que provenía de arriba, viendo a continuación cómo descendía rápidamente una escalera de mano metálica.
—Oh, eso no me lo esperaba —dijo el joven mientras miraba hacia arriba del edificio—. Subamos.
Con decisión, guardó sus dos armas como pudo enganchándolas a su cinturón y comenzó a ascender. Por mi parte, me pasé el largo mango del hacha (que si no fuera por la hoja del arma parecería más bien una guadaña) por la espalda e intenté engancharla al trozo de tela que hacía de cinturón y que ya sujetaba la pistola. Una vez conseguido, comencé a subir por la alta escalera. Estaba fría y un poco oxidada al encontrarse en el exterior. Poco a poco, fui ascendiendo a espaldas del crepúsculo que aún iluminaba las calles hasta llegar arriba, encontrándome ante Kilian, que me esperaba.
—Creo que podremos seguir por aquí —me dijo convencido.
Por mi parte, me giré para ver lo que se veía a mis espaldas: Yharnam se abría extensa y hermosa a la luz del anochecer ante mis ojos.
—Es una ciudad realmente hermosa —dije más para mí que para Kilian me oyese.
—Sí, sí que lo es.
Me giré hacia él, que al igual que yo, miraba la imponente ciudad, aunque con una expresión más sombría y preocupada, la cual cambió al pasar su mirada a mí, que se volvió más dulce.
—¿Continuamos? —preguntó, a lo cual respondí con asintiendo con la cabeza.
Un grito agudo y amenazador, como un rugido indescriptible resonó por todo el lugar.
—¿Qué ha sido eso? —pregunté asustada.
—No lo sé —contestó en guardia, preparado para contratacar a cualquier peligro—. Pero… no veo nada por aquí.
Ambos nos volvimos para ver qué había ante nosotros. Nos encontrábamos ante una calle que tomaba dos caminos: el de la izquierda estaba sellado con otra puerta como la de abajo, aunque más pequeña y estrecha, y el camino de la derecha nos dejaba continuar libremente.
—Sea lo que sea, debe estar más lejos de nuestra actual posición —dijo Kilian.
—Sí… —me mordí el labio—. Aunque ese sonido no me pareció muy bueno…
—Tendremos que avanzar para ver qué ocurre. Tranquila, estaremos bien —me sonrió—. Pero no debemos rezagarnos por un simple ruido.
Desvié un poco la mirada, intentando desviar así también mis pensamientos negativos. Fue entonces cuando me fijé más en el lugar que teníamos al frente. En mitad de ambas bifurcaciones encontrábamos una mínima plazoleta, de unos seis metros de ancho, en la que descansaba una lámpara como la que encontramos en la Clínica de Iosefka.
—Oh, esto es…
Kilian se acercó hacia ella y la encendió, apareciendo entonces del suelo aquellos pequeños seres, los Mensajeros.
—Ya tenemos otra zona de cómo volver —Sonrió el muchacho, que me miró—. Si quieres volvamos ahora que ya sabemos cómo continuar y averigüemos lo de esos Ecos de Sangre.
—De acuerdo. —contesté mientras me ponía a su lado—. ¿Crees entonces que puedes hacerlo ya solo? —le pregunté mientras hincaba una rodilla en el suelo y extendía una mano hacia la lámpara.
—Creo que sí —dijo el muchacho, que se puso en la misma posición.
—Vale.
Ambos comenzamos a concentrarnos en nuestro destino, el Sueño del Cazador, y como la otra vez, me invadió la misma sensación, ahora conocida; poco a poco noté cómo mi cuerpo se volvía etéreo y desaparecía.