Historia paralela 24

Absurdo

Era absurdo, impensable, de hecho, no había palabras que Björn pudiera encontrar para describir con precisión este embarazo. Se quedó mirando fijamente la chimenea, tratando de entender las palabras del médico. Por supuesto, existía la posibilidad de que ocurriera, bastaba con mirarlo a él y a su hermano, pero ¿cuáles eran las probabilidades de que volviera a suceder en la próxima generación de Dniéster?

—Es una ocasión feliz, la familia real tendrá una nueva generación de gemelos, la gente de Lechen estará muy contenta —dijo el médico, secándose el sudor frío de la frente.

—Gemelos.

Björn repitió la palabra una y otra vez, pero aún no había calado hondo. Parecía que estuviera hablando en otro idioma. Miró a su esposa con expresión perpleja.

Parecía tan absurda, mirándolo con una sonrisa brillante.

—Tenemos dos bebés, un niño y una niña, puedo sentirlo. —Las mejillas de Erna estaban sonrojadas de alegría y sus ojos estaban tan brillantes como siempre.

Björn empezó a caminar de un lado a otro frente a la chimenea. ¿Por qué tenía esa sensación de aprensión? ¿Era porque sabía lo problemáticos que podían ser los gemelos? Después de todo, ya lo había vivido y recordaba todos los problemas en los que se metió con su hermano. Este era su castigo, después de todo ese tiempo.

Miró a Erna, que contrastaba con lo que él sentía. Incluso si Erna usara un generoso vestido de invierno, el tamaño de su barriga se notaría, no había forma de negarlo, eran gemelos. Dejó escapar un suspiro y se acercó a su esposa en la cama.

—Tenemos gemelos, ¿son hermanos gemelos como tú y el príncipe heredero? ¿O tal vez hermanas gemelas? ¿O ambos?

—Erna.

—¿Cuál te gusta más?

—Erna…

—¿Por qué me miras así? ¿No te alegra que vayamos a tener dos bebés?

—Erna, ¿no estás preocupada en lo más mínimo?

—Tengo dos bebés en mi vientre, ¿de qué sirve preocuparme por eso ahora? No te preocupes, Björn. Tu madre dio a luz a gemelos, yo también lo haré.

—Mi madre no era tan pequeña como tú.

—¿Podrías dejar de insultarme por favor?

—Erna.

—Estoy bien —sonrió Erna—, estoy sana, los gemelos están sanos, estaremos bien.

Fue entonces, cuando Erna parecía estar calmando a un niño que lloraba, que Björn se dio cuenta de lo lamentable que era su comportamiento. Cuando esa comprensión desvaneció sus dudas, se rio. Su rostro joven y tierno lo miró con una sonrisa radiante.

—Creo que deberíamos llamarlos Bibi y Nana, como nuestros apodos, ¿qué opinas? Creo que no podemos seguir llamándolos Bebé Dniester, es demasiado indistinguible. —Björn no podía creer que Erna estuviera pensando en cosas tan triviales en un momento como este—. ¿Crees que a los bebés les disgustarían los nombres? Creo que son lindos.

—Eres su madre, puedes hacer lo que quieras —dijo Björn con un suspiro y miró su reloj. Solo faltaba una hora para la reunión que había estado posponiendo. Justo a tiempo, alguien llamó a la puerta, sería el encargado para decirle que el carruaje estaba listo—. Bueno, tengo que irme, mi pequeña lunática.

—Adiós. —Erna soltó a regañadientes la mano de Björn mientras él se levantaba—. Por favor, ve y gana mucho dinero para Bibi y Nana.

La codicia de la madre ciervo parece haberse duplicado ahora que va a tener gemelos.

Le confió Erna a Lisa, la guardiana del infierno. Después de salir del dormitorio, Björn aceleró el paso hacia la entrada. No quería llegar tarde, así que salió a toda prisa y subió al carruaje que lo esperaba.

De repente, se echó a reír: ¿Gemelos? Se recostó en la silla y observó las escenas invernales que pasaban frente a él. Aunque era gemelo, nunca pensó en criar gemelas. Bibi y Nana. Eran apodos terribles, pero a Erna le encantaban. Claro, podían estar bien si las gemelas eran niñas, pero ¿y si eran niños?

Björn sonrió mientras abría su itinerario del día. Esperaba que fueran chicas, para ahorrarles la vergüenza. Bueno, para ganar dinero para Bibi y Nana, mejor se ponía a trabajar.

Todo empezó a duplicarse. Dos bebés, dos cunas, dos juguetes, dos prendas. Erna inspeccionó la guardería, que ahora estaba preparada para acoger a otro bebé, Dniester. Si fuera necesario, tendría dos guarderías, había dicho Björn, por si acaso los bebés no se llevaban bien. Erna sólo quería una, no quería que los niños se separaran. Crecerían juntos.

—Oh, Alteza, mirad por la ventana —dijo Lisa de repente, corriendo hacia la ventana más cercana.

Erna se acercó y se quedó sin aliento al ver la nieve revoloteando en el aire.

—¡Es nieve! La primera nevada cae muy rápido este invierno.

Incluso ante sus ojos, la nevada creció rápidamente y antes de que pudiera decir nada, el jardín ya parecía un paraíso invernal. Erna miró su reloj.

—¿Qué pasa, Su Alteza? —preguntó Lisa, notando el ceño fruncido de Erna.

—No —se rio Erna—, no es nada. —Le resultaba vergonzoso admitir que echaba de menos a su marido, al que había visto hacía menos de dos horas.

Una vez duchado, Björn entró en el dormitorio. Erna dejó el libro que estaba leyendo y le sonrió. Cuando sus miradas se cruzaron, Björn también sonrió. Era una sonrisa que todavía hacía que Erna se sintiera avergonzada.

—No la cierres —gritó Erna cuando se dio cuenta de que Björn se disponía a cerrar las cortinas del balcón—. Las dejé abiertas porque quería ver.

—Pero puedes sentir el aire frío.

—Está bien, de todas formas, hace demasiado calor en la habitación —Erna señaló las llamas rugientes de la chimenea, varios braseros esparcidos por la habitación y las dos bolsas de agua caliente en la cama. Björn se retiró a la cama, dejando las cortinas abiertas.

La conversación que mantuvieron mientras Björn se preparaba para ir a dormir fue sobre la misma rutina de siempre, la condición física, la rutina diaria y, finalmente, el nacimiento de los gemelos. También hubo una anécdota sobre haber visto la primera nevada que tiñó a Schuber de blanco por completo. Luego llegó la hora de dormir.

Björn se inclinó y apagó la lámpara. Todavía era tarde, pero quería dormir con Erna estos días. Tan pronto como se dio la vuelta, Erna se acostó naturalmente junto a Björn, envuelta en uno de sus brazos. Su vientre se hinchó y se sintió apoyado contra su cuerpo cálido y él sostuvo su esbelta figura mientras suspiros suaves fluían de él.

—Björn —dijo Erna desde la oscuridad. Cuando Björn la miró, recibió un beso sorpresa y una mano fría deslizándose por su frente.

Aunque estuvo atrapado en la sensación de cosquilleo por un rato, sintiendo que su mano se calentaba lentamente mientras lo masajeaba, el deseo todavía estaba bajo su control. Erna se había vuelto mucho más juguetona desde su embarazo y ahora era algo familiar.

Erna se abrazó a él con más fuerza, lo besó mientras jugaba y Björn se puso en sintonía con sus propios deseos. Nunca pensó que Erna se volvería tan atrevida sin provocación. Ella se aferró a él y el deseo en él creció.

—Erna.

—¿No quieres? —Erna lo miró con los ojos muy abiertos, como si estuviera asustada. La luz del fuego danzante le daba en el rostro, lo que aumentaba su vergüenza—. ¿Por qué? ¿Crees que soy fea porque mi cuerpo ha cambiado?

Björn la apartó con suavidad para poder mirarla a los ojos enrojecidos. Se dio la vuelta para apoyar la cabeza en su mano y colocó la mano libre sobre su vientre.

—Es un pecado si eres ignorante, Erna —Björn secó las lágrimas de las mejillas hinchadas de Erna—, pero si es intencional...

—Björn.

—No importa lo cachondo que me ponga, no creo que sea apropiado mientras estés embarazada. —Luchó por controlar sus emociones y habló tan suavemente como pudo.

Björn ni siquiera había intentado abrazarla desde que se enteró de que estaba embarazada. Incluso después de que el médico dijera que todo estaba bien. Björn sintió que era mejor volverse loco de deseo que arriesgarse a sufrir otro aborto, una vez era más que suficiente.

—Pero estoy bien, hasta el médico dijo…

—Descansa, Erna —la interrumpió Björn, que no estaba dispuesto a verse arrastrado a otra discusión. Parecía que debería utilizar más su propio dormitorio.

—Si de verdad te sientes tan incómodo con esto, entonces no te forzaré más. Quédate aquí conmigo, por favor —dijo Erna, abrazando el brazo de Björn—. Te perdoné, ¿acaso no puedes perdonarte a ti mismo ahora?

Los ojos del ciervo, que miraban fijamente y con claridad, lo cautivaron.

 

Athena: Realmente en un embarazo que vaya todo bien y de bajo riesgo, no pasa nada jaja.

Así como apunte, es cierto que hay carácter de influencia genética en familias que han presentado embarazos gemelares. Depende del tipo que sean tiene mayor carga genética materna o paterna.

Así como algo muy sencillo…

Los gemelos monocoriales son aquellos que comparten una misma placenta y son a los que habitualmente se les llama gemelos. Proceden de una misma célula fecundada, solo que esta se dividió en dos en fase muy temprana, pudiendo crear dos individuos completos. Por eso son siempre del mismo sexo; tienen la misma carga genética.

Los gemelos bicoriales son aquellos que tienen dos placentas separadas (la placenta será lo que permita que se nutra el nuevo ser y se conecta al endometrio) y son lo que llamamos mellizos normalmente. Proceden de dos óvulos y espermatozoides diferentes, por lo que son dos individuos completamente diferentes a nivel genético y puede variar el sexo.

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