Capítulo 66

Como un tonto

No se utilizó tanta fuerza como en aquel entonces, por lo que Ciel no se desmayó esta vez.

Bueno, para empezar, no había perdido el sentido, así que debería estar bien. Aun así, Ciel tuvo que experimentar cómo se le aceleraba el corazón.

—¡Vaya… Milady, eres tan genial!

Rose exclamó con aplausos.

—Sí, qué guay…

Aiden siguió el ejemplo de Rose y aplaudió. Su hermano mayor estaba tranquilo, pero Lady Closch parecía aún más tranquila.

—Su Señoría es mucho más pequeña que mi hermano, pero ¿cómo lo hizo?

La curiosa voz de Aiden llena de interés desencadenó un sentimiento de rivalidad en Ciel.

—Hay un enfoque diferente al respecto.

Irene aceptó su desafío con naturalidad.

—Entonces intente atacarme de otra manera.

—Está bien.

Esta vez, Ciel usó su pierna en lugar de su brazo. Era una técnica letal, pero en realidad, cuando los Espers se aprovechaban de los Guías, este tipo de situaciones ocurrían con frecuencia.

Sin embargo, Irene tampoco se lo tomó a la ligera. Después de saltar suavemente sobre la pierna larga de Ciel, dudó un momento y le dijo a Rose:

—A menos que tengas experiencia, es difícil esquivar algo como esto. Necesito enseñarte desde tu perspectiva, así que supongamos que te atraparían por la pierna aquí.

—¡Sí!

Irene se detuvo y de repente agarró el cuello de Ciel.

Ciel fue tomado por sorpresa y usó su habilidad por reflejo. Estuvo a punto de caer al suelo.

—¡Irene! ¡Esto es demasiado peligroso!

Ciel, que no pudo ocultar su expresión de sorpresa, levitó a Irene en el aire y escaneó sus alrededores.

—Ah…

Suspiró después de mirar hacia algún lado. Se tocó la frente y luego movió los dedos de un lado a otro, rozando el dobladillo del vestido.

—¿Qué estás haciendo? —Irene preguntó incrédula, pero él respondió con seriedad.

—Debes tener cuidado. Ahora tienes suciedad en el vestido.

—Ja…

Irene no lo podía creer cuando lo vio armando alboroto por un poco de suciedad. ¿Por qué le recordaba a Arthur y David en su apariencia?

—Ah… ¿Puedes bajarme ahora?

—Ejem, sí.

Ciel se dio cuenta de sus acciones tardíamente, se aclaró la garganta y colocó a Irene con cuidado en el suelo. Ella se giró para mirar a Rose y Aiden.

—En una situación como la actual, necesitas practicar. Entonces, joven duque, ¿podrías ayudar a Rose?

—Umm… lo intentaré.

Aiden agarró torpemente el brazo de Rose y sus mejillas se sonrojaron.

—¿Q-Qué pasa? ¿Te duele?

—…No, no es eso.

—¿E-Entonces? Ahora es el turno de Rose de atacar…

—Eso es…

Rose murmuró y se quedó en silencio, luego miró a Irene.

—Rose, ¿tienes algo que decir?

Cuando Irene preguntó, Rose respondió como si hubiera estado esperando.

—¡Joven Maestro, él...! ¡Él nunca haría algo así! ¡No puede hacerlo!

Con los puños apretados y los ojos fuertemente cerrados, Rose gritó. Irene la miró fijamente, con la mano en la frente. Incluso siendo Guía, Irene no pudo evitar sentir que no había forma de ayudar a esta pareja de Guía-Esper.

—¡Ja ja!

En ese momento, Ciel, que se encontraba cerca, estalló en carcajadas. Estaba claro que Irene no era la única que se sentía desconcertada por la situación.

Sin dudarlo, Irene y Ciel, que se habían estado atacando entre sí, miraron a Rose y Aiden con expresiones divertidas.

Ciel regresó a su alojamiento con Aiden. Durante todo el viaje, había escuchado continuamente la alegre voz de su hermano menor.

—Lady Closch parece saberlo todo, ¡e incluso sabía que yo era un Esper! Sin embargo, no me trató de manera extraña, hermano.

—Ella no haría eso.

—¡Cierto! Aunque puedo leer los pensamientos de las personas, ¡le dije a Rose que no lo haría sin permiso!

—Hmm… Aiden.

Ciel, mientras escuchaba a su hermano, sintió curiosidad.

—¿Sí, hermano?

—Entonces, ¿puedes leer los pensamientos de esa chica cuando quieras?

—Eh... eh... técnicamente sí. Pero estoy intentando no hacerlo.

—Ya veo. ¿Qué pasa con Lady Closch? ¿Puedes leer sus pensamientos también?

Para ser honesto, sería una mentira decir que Ciel no tenía ningún motivo oculto para preguntarle eso. Si Aiden pudiera escudriñar los pensamientos de Irene, tal vez le habría remordido la conciencia.

Sin embargo, Aiden, con voz brillante, respondió con firmeza.

—¡No, para nada! ¡Y es increíble también! ¡Incluso si pierdo el control accidentalmente, no puedo escuchar ni un solo pensamiento de la señorita!

—…Eso es algo bueno.

—¡Sí, hermano!

Al llegar al alojamiento, se bajó del carruaje y de repente se sintió incómodo. No tenía intención de quedarse allí mucho tiempo, así que ¿cuánto tiempo tendría que quedarse en ese lugar tan lejano?

—¡Rouman!

Por lo tanto, inmediatamente llamó a su mayordomo.

—Sí, Su Gracia.

—Quiero una villa en el territorio de Closch. Veamos si hay algún edificio disponible en este momento.

—¿Una villa?

—Sí. Encuentra un lugar lo más pronto posible.

—…Lo entiendo, Su Gracia.

—Hazlo lo más rápido posible.

—¡Sí, señor!

Ciel subió a la habitación donde solía quedarse y se aflojó la corbata apretada, tirándola a un lado.

Sentándose en el sofá, dejó escapar un profundo suspiro y luego bebió el agua que Rouman le había traído.

—Huh…

Estaba feliz de haber visto a Irene por casualidad. Sus sentimientos por ella seguían ahí, pero sabía que habían cambiado sutilmente.

En el pasado, sus sentimientos eran intensos, pero a veces dudaba de si era amor genuino.

Sin embargo, sus sentimientos actuales eran diferentes.

Aunque todavía tenía la misma determinación, ésta tenía un matiz diferente.

Él no tenía ningún deseo de poseerla, sino que estaba lleno de la primera y principal sinceridad de darle todo lo que ella quería.

Ciel se recostó en el sofá y recordó el pasado. Mientras lo hacía, le vinieron a la mente, una por una, las cosas que no había logrado hacer en ese entonces.

En una ocasión, pasaron juntos por una escuela primaria. Cerca de allí había un puesto de tteokbokki destartalado, e Irene tenía una predilección particular por el tteokbokki.

Ella le propuso que comiesen allí, pero Ciel sintió rechazp. A sus ojos, el lugar parecía terriblemente antihigiénico. Por eso, hizo comentarios negativos y expresó su deseo de que no comiera allí.

Y desde entonces, Irene nunca volvió a comer tteokbokki delante de él.

En aquel momento, él se había sentido encantado de que ella lo escuchara, pero fue un acto un tanto irreflexivo de su parte, como un tonto.

—¿Por qué estaba tan empeñado en cosas tan triviales en aquel entonces...?

Se sentía enfadado con su yo del pasado por no haberle concedido sus deseos. Y no era solo eso: recordaba que también eran peticiones menores que ella le había hecho.

Él tomó una resolución.

Sí, ahora necesitaba expresar sus disculpas en persona, no sólo en su corazón.

Ciel se levantó de su asiento y llamó a Rouman.

—¡Rouman!

—Sí, Su Gracia.

—Convoca a todos los cocineros y empleados de la finca en la capital para que vengan aquí.

—¿Sí?

—Y además, contratar a un pastelero como especialista.

—…Comprendido.

—Ah, y si terminamos reparando o construyendo la villa, te ayudaré personalmente, así que no dudes en solicitar ayuda en cualquier momento.

—…Sí, señor.

—Por lo tanto, tratemos de acelerar esto tanto como sea posible.

—Sí…

Rouman respondió con expresión cansada, pero Ciel no pareció notarlo. En su mente, solo podía imaginar la alegría de Irene al recibir los regalos que no pudo darle en el pasado.

Después de terminar mi práctica matutina de esgrima, me bañé, me puse un vestido y bajé las escaleras para reunirme con mi madre para comer.

Mientras me dirigía hacia el comedor, de repente la entrada se volvió ruidosa.

—¿Está presente Lady Irene de Closch?

Cuando me acerqué a la entrada, vi a un hombre desconocido que le entregaba un mensaje al mayordomo.

—Soy Mark, el jefe de cocina de la finca del Ducado de Leopardt. Me disculpo por esta visita repentina, pero Milord le ha enviado un regalo a Lady Irene y he venido a entregárselo.

—¿Un regalo…?

—Para ser más precisos, para poder entregar el regalo, ¿puedo utilizar brevemente sus instalaciones de cocina?

—¿Qué?

Incluso el mayordomo, que había vivido muchos sucesos inusuales últimamente, se quedó desconcertado y pidió una aclaración. Mark, haciendo una profunda reverencia, prosiguió con su explicación.

—Como chef, comprendo lo inconveniente que puede resultar esta solicitud para los miembros de su familia. No tardará mucho. Agradecería su permiso.

Mi madre, que acababa de regresar de un evento benéfico, entró en ese momento.

—¿Qué está sucediendo?

—¡S-Señora!

El mayordomo informó de la situación con una expresión que parecía decir: "Estamos a salvo". También miré con curiosidad desde detrás de mi madre porque había algo vagamente familiar en el olor del aire.

—¿Qué es?

—Por casualidad, ¿es usted Lady Irene de Closch?

Mark preguntó como si hubiera estado esperando.

—Sí, lo soy. Pero ¿puedo preguntar de qué se trata?

—Su Gracia tiene un plato especial que desea presentarle personalmente a Su Señoría. Es un manjar que él mismo ha elaborado y que se disfruta mejor cuando está recién preparado. Hemos traído los ingredientes y, aunque sé que es bastante descortés, ¿podría permitirnos utilizar su cocina durante un rato?

Mientras Mark hablaba, reveló los ingredientes que había traído. El contenido de la caja me resultó extrañamente familiar, sobre todo porque creía que era algo que nunca podría encontrar aquí.

Con una expresión triunfante, como si hubiera descubierto un tesoro en un continente lejano, Mark continuó.

—Este es un plato que Su Gracia creó exclusivamente para Lady Irene, llamado “Tteobokki”. Es picante pero también dulce, con una textura masticable y verduras crujientes. Además de eso, hay un postre llamado “Patbingsu” para suavizar el picante. Así que, por favor, permítannos usar su cocina por un momento, Baronesa y Milady.

¡Ese hombre! ¿Qué demonios estaba haciendo?

Aunque estaba regañando mentalmente a Ciel, no podía apartar los ojos de la comida.

Después de todo, mi combinación de comida favorita era comer tteokbokki y luego comer patbingsu. ¡Pero por qué todavía lo recuerda!

 

Athena: Lo recuerda porque te ama jajaja. Este hombre, se va a hacer una mansión y todo al lado.

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