Aprendiz

III

—Bueno, tal vez deberíamos ponernos en marcha con todo esto —me dijo Kilian mientras se levantaba y volvía a las escaleras.

—Supongo que sí —contesté—. ¿Pero cómo volveremos a ese lugar?

—Mmmmm… No lo sé, la verdad —respondió mientras comenzaba a bajar por la escalinata.

—Aquel hombre comentó algo acerca de unos mensajeros y una muñeca.

—Una muñeca… ¿Podría ser esa? —señaló Kilian al final de las escaleras.

—¿Eh?

Con rapidez, bajé hasta donde él se encontraba. Al final de la escalinata llegábamos al pequeño claro, donde había otra repisa de piedra en la que se encontraba un quinqué encendido y junto a él, se veía sentada una enorme muñeca a escala humana, cercana al metro setenta tal vez.

—¡Oh! —exclamé al verla—. ¿Estaba aquí antes?

—Supongo que sí… —dijo el muchacho mientras la miraba inquisitivamente—. Tal vez no nos dimos cuenta. No sé —siguió, no muy convencido.

—Es muy bonita —dije mientras me ponía frente a ella para verla mejor.

Si no fuera porque se apreciaba que las articulaciones de los dedos de las manos eran los propios de las muñecas, podría haber pasado perfectamente por una persona que se encontraba dormida.

Era de constitución delgada, con una cintura fina y pecho y caderas proporcionadas entre sí y adecuadas a su figura, que le hacían un cuerpo bastante bonito. Sus extremidades también eran delicadas y finas. Su cuerpo estaba cubierto por un vaporoso vestido negro entallado a la cintura que se abría en el talle para darle más vuelo al vestido, que acababa por encima de los tobillos. Era sencillo, con unos pocos adornos bordados en rosa en el bajo de la falda y en la zona del torso. Sobre los hombros llevaba un elegante chal marrón con bordados que se abrochaba en la parte de delante. Al cuello llegaba un encaje blanco del vestido, sobre el que tenía colocado un pañuelo de muselina rosa a juego con los bordados del vestido, y un colgante dorado ovalado.

Pero además de ir exquisitamente vestida, la muñeca era hermosa. Su rostro era fino y delicado, con una piel tan pálida como la mía, unos labios finos y sonrosados, una nariz pequeña delimitada por unos ojos que, aunque cerrados, ya se veían bonitos y embellecidos por sus largas pestañas rubias y sus cejas finas y claras. Su pelo estaba recogido en un moño dentro de un bonito sombrero rosa adornado con un lazo negro y unas flores en su parte izquierda. Parte de su pelo rubio platino caía en dos bonitos mechones que endulzaban su rostro.

Era una obra maestra, un maravilloso ejemplo de artesanía, pero, ¿cómo se suponía que algo así iba a poder ayudarnos?

—Es una muñeca maravillosa —admiré mientras me separaba un poco de ella—. Es muy hermosa.

—Pero no sé cómo va a poder ayudarnos —dijo Kilian cruzándose de brazos, exponiendo así mis propias dudas.

—Ya… Eso me preguntaba yo también —le dije mientras miraba hacia el otro extremo del claro, donde había una fuente. Parecía como si algo se moviera allí—. ¿Eh? ¿Qué es eso?

—¿El qué?

Sin contestar, comencé a andar hasta el lugar para ver qué era. Conforme me acercaba, distinguí a unos pequeños seres que había metidos en una pila, que en lugar de agua contenía un líquido azul fluorescente burbujeante. Dentro, unos seres de no más de cuarenta centímetros nos miraban.

—¿Qué…? —dije mientras me echaba hacia atrás, horrorizada.

Aquellas pequeñas criaturas tenían forma humanoide, con la cabeza más alargada y grande. Sus pequeños cuerpos eran esqueléticos, con una piel cenicienta blancuzca pegada a los huesos prácticamente. Sus ojos blancos nos miraban mientras nos señalaban con sus dedos y sus bocas sanguinolentas murmuraban para sí. Escalofríos recorrieron mi espalda ante la imagen, retrocediendo un par de pasos.

—¡Son los de entonces! —exclamó el joven mientras se acercaba a ellos.

—¿Qué?

—Cuando me hicieron el trasvase de sangre… Los vi —hizo una pausa, pensativo. —Bueno, también vi cómo el suelo se llenaba de sangre y una bestia como la que nos atravesó surgía de esa sangre —dijo atropelladamente—. Cuando se acercaba a mí entonces aparecieron estos seres y la bestia prendió en llamas… Luego perdí la consciencia —calló, mirándome con inseguridad—. Sé que parece de locos…

—Últimamente todo parece de locos… —me reí nerviosa mirando hacia el cielo—. ¿Entonces no son…peligrosos?

—No sé… Si están aquí… Yo diría que no…

En ese momento noté que algo me tiraba de la falda del vestido, y miré hacia abajo en un acto reflejo. Tres de esos pequeños seres estaban a mi lado intentando captar mi atención. Uno de ellos portaba una especie de pistola de repetición y los otros dos sujetaban armas pesadas, uno un hacha enorme y el otro una especie de cuchilla de doble filo formidable.

—¿Qué…? —miré a Kilian, intentando que me ayudase a deshacerme de ellos, pero a él también lo habían asaltado otros tres hombrecillos.

—Creo que quieren que elijamos dos armas —me dijo el joven, que cogió la pistola y una cuchilla como la que me ofrecían. Los seres se fueron justo después de eso, volviendo a su fuente—. Creo que pueden ser aquellos “mensajeros” a los que se refería aquel hombre… Dijo que nos proveerían de objetos y nos guiarían.

—Ah… —susurré mientras miraba de nuevo a los pequeños seres, que seguían ofreciéndome las armas—. Oh, pues… Gracias —les dije mientras recogía la pistola y la enorme hacha, un poco cohibida aún.

“Es muy ligera” pensé mientras la sostenía sorprendida. “Casi podría usarla con una sola mano para lo grande que es…”

—Arya, ¡ven! —exclamó Kilian, que estaba ahora justo al lado de la fuente—. Es como si fuera un mercado… Un mercado extraño.

Aún con las armas en ambas manos, me acerqué hasta el lugar para ver a qué se refería el muchacho. Sobre la fuente había una serie de Mensajeros que mostraban objetos repetidamente a Kilian, objetos que sacaban de esas aguas azules fluorescentes sin parar, como si no hubiese fondo.

—Qué curioso… —susurré mientras observaba la escena—. Parece que no piensan venderte nada —le dije mientras veía cómo los pequeños seres negaban con la cabeza cada vez que Kilian intentaba coger algo y lo hacían desaparecer.

—¿Y por qué nos regalan estas dos armas a cada uno? —preguntó confuso.

—No sé… Supongo que para poder comenzar con algo —contesté intentando buscar una explicación—. Lo demás supongo que tendremos que ganárnoslo… Aunque no sé qué moneda usan aquí, o si usan alguna… —algo captó la atención de mi mirada—. ¡Mira! —señalé a uno de los objetos que mostraba el Mensajero—. Aquí pone la descripción del objeto y lo que vale —expliqué mientras leía la gran etiqueta que acompañaba al objeto—. A ver… Vial de Sangre —comencé a leer—. Una sangre especial usada en el trasvase. Ayuda a vigorizar la salud y sanar más rápido. Una vez se le ha trasvasado la sangre al paciente, un tratamiento único habitual en Yharnam, las transfusiones sucesivas recuerdan a la primera y son mucho más vigorizantes. No es ninguna sorpresa que casi todos los yharnamitas sean grandes consumidores de sangre. Coste: 200 ecos de sangre.

—Oh…

—¿Cómo no los viste…? —paré a final de pregunta al ver la cara sorprendida de Kilian—. ¿Ocurre algo?

—Es solo que eso es lo que usaron conmigo. Bueno, uno mucho más grande —dijo mientras miraba el pequeño vial acabado en punta para poder ser inyectado—. Esa sangre especial.

—Ah… Entiendo —contesté mientras lo miraba.

Kilian había mencionado previamente un trasvase… ¿Era de sangre entonces? Y según esa etiqueta decía que era algo común… ¿Para sanar más rápido? Sonaba extraño.

 —Debe ser algo muy habitual por aquí… —susurré, pensando lo que acababa de leer.

—En fin, al menos ya sé que se pagan las cosas con esos ecos de sangre que no sabemos conseguir aún —suspiró—. Tal vez los encontremos en Yharnam.

—Yharnam… —repetí en voz baja.

—¿Qué ocurre? —preguntó Kilian, preocupado al ver mi cara sombría—. ¿Has recordado algo? —inquirió.

—No… No. Es solo que… —miré a la luna intentando encontrar las palabras para expresarme—. Es raro. —Me mordí el labio—. Al leerlo antes no me ha supuesto ninguna sensación pero ahora… Es como si hubiera oído ese nombre antes.

—¿Tú crees? —me miró pensativo—. Bueno, Yharnam es una ciudad bastante famosa. Puede que la conocieras de antes, o que vivieras allí antes de perder la memoria.

—Tal… vez.

—¡Pero eso es genial! —exclamó, alegre—. Ya sabemos un poquito más. Aunque sea muy vaga esa información ya sabemos que algo tenías que ver con este lugar. A lo mejor al recorrer la ciudad eres capaz de recordar algo y…

Dejé de escucharlo mientras me concentraba en mis propios pensamientos. Yharnam. Parece ser que hacía referencia a una ciudad importante, pero sin embargo, no era capaz de pensar en ello como una metrópolis. Era extraño; aquel nombre me provocaba una sensación de bienestar y de temor al mismo tiempo, de dicha y tristeza.

“Tal vez en el pasado tuve diversas experiencias en aquella ciudad…” pensé mientras me mordía el labio.

Sin embargo, no era capaz de recordar nada más que sentir aquellos sentimientos tan enfrentados. ¿Qué habría pasado en el pasado?

—… no?

—Oh… sí, sí —contesté mientras volvía al mundo real.

—Bien, entonces deberíamos partir de inmediato —respondió Kilian mientras comenzaba andar, con las armas aún en las manos.

—Espera, ¿qué? —pregunté confusa

—Pues eso, lo que hemos dicho —contestó el muchacho, que ya estaba al lado de la escalera por la que bajamos del edificio—. Vayamos a Yharnam a descubrir tu pasado.

—Espera… —suspiré, mirando alrededor, intentando aclarar ideas—. Primero debemos saber cómo…

—Creo que estas tumbas al lado de la escalera están relacionadas —me cortó un Kilian bastante pletórico—. Me he fijado en que en esta de aquí —argumentó mientras señalaba la que se encontraba en la base de la escalinata—, pone “Lápida de Yharnam” y está poblada con Mensajeros.

—Ah… —fruncí los labios—. Y…

—Creo que esta es la clave —dijo mientras miraba la lápida en cuclillas—. Clínica de Iosefka… —lo oí leer en voz baja una vez me acerqué a él—. Aquí es donde me hicieron ese tratamiento… Y donde te encontré —dijo en tono serio.

Una imagen apareció sobre la lápida, mostrando la habitación previa a donde aquella bestia nos había atacado.

—¿Qué…? ¿Qué has hecho? —pregunté sorprendida.

—No lo sé… Al pensar en la clínica apareció… —respondió el joven, confuso.

—¿Tal vez así funciona? —cuestioné—. Pensar en el lugar y aparecer en él.

—Puede ser —afirmó Kilian, que se levantó para mirarme mejor—. ¿Probamos?

—¿Qué? No… espera —me mordí el labio—. No sé si estoy preparada —dije mientras recordaba la bestia que nos atravesó a ambos.

—Tranquila… Ahora tenemos armas… Y muchas oportunidades, relativamente —rio, nervioso.

Intranquila, suspiré y bajé la cabeza. Aún sujetaba las armas que los Mensajeros me habían dado. ¿En serio, yo, cazando bestias? Aún me costaba entender esta nueva realidad, aunque desde que había despertado, la realidad parecía un sueño de pesadilla.

—Cuanto más lo pienso, más confusa me siento —le dije—. ¿Por qué tenemos que cazar nosotros esas bestias? ¿Qué pasa en esa ciudad? ¿Cómo es posible que exista este lugar? —pregunté señalando a nuestro alrededor.

—Aún no lo entiendo bien… Pero de que organice mis ideas, creo que puedo contarte todo lo que sé —contestó, en tono más serio que antes—. Pero primero, quiero salir de aquí, ver cómo está la ciudad. Qué ha pasado desde que estamos aquí.

Lo observé detenidamente mientras él posaba sus ojos en mí, intentando mostrar la confianza que creía que yo necesitaba.

—Bien… vale —contesté—. Vayamos a ver. Pero antes deja que haga un par de cosas.

—¿Eh? Vale, claro —contestó algo confuso.

Suspiré mientras miraba de nuevo al suelo. De verdad iba a hacerlo. Iba a salir de aquí de una manera un tanto extraña dispuesta a recorrer una ciudad a la caza de unas bestias inhumanas cuya existencia no entendía. ¿Por qué había ese tipo de seres en una ciudad que Kilian había dicho que era importante y conocida? Esperaba que algunas cuestiones me fuesen respondidas pronto. Necesitaba muchas respuestas.

—Bien… —dije en voz baja mientras dejaba el hacha y la pistola en el suelo.

No estaba dispuesta a salir por ahí a matar cosas con un vestido con el que no podría correr sin pisarme la parte baja y pomposa de éste. La tela era suave y no demasiado recia, tal vez era un vestido más primaveral que de invierno… Con decisión, tiré con fuerza de la tela para rasgarla, comenzando a moldearla a mi gusto.

“Vaya, tiene bastantes capas” pensaba mientras iba rasgando poco a poco. “No me extraña que fuera así de pomposo.”

Finalmente, dejé el vestido justo por encima de las rodillas, dejando ver mis pálidas piernas y los zapatos azulados planos que llevaba, que al menos no me supondrían un problema para correr, de momento. Con un trozo de tela me recogí el pelo, formando una coleta con un lazo, y con otro, me hice un cinturón improvisado para poder guardar pistola y hacha.

—Bueno… Ya estoy —dije mirando a Kilian, el cual me miraba boquiabierto—. ¿Qué pasa? —pregunté echándome a reír por su expresión.

—No esperaba que hicieras eso —contestó echándose a reír también—. Creo que pocas chicas  harían añicos un vestido como ese.

—Como estaba antes iba a ser complicado moverme como es debido… —le expliqué mientras miraba de nuevo el resultado y me acariciaba el pelo de la coleta.

—Ah, estás bien. Más cómoda, sí. Y el pelo —me sonrió—. El flequillo recto sigue perfecto.

Ambos nos reímos tras ese comentario. Suspiré y me puse algo más seria al dirigir la mirada a la lápida con los pequeños Mensajeros en su base, observándonos a la espera de lo que haríamos.

—Bien, vamos allá —me animé llegando hasta allí junto a Kilian, que asintió con la cabeza y volvió la espalda a la lápida.

—Espero que funcione —dijo mientras hincaba una rodilla en el suelo, poniéndose a la altura de la lápida.

—Eso espero yo también —contesté poniéndome en la misma posición que él al ver aparecer la imagen de la clínica de nuevo.

Cerré los ojos y visualicé el lugar, concentrándome en él para que de algún modo llegara allí; recordar aquella sala previa a la escalera por la que Kilian me había bajado en brazos mientras estaba inconsciente, con las paredes beige decoradas con estanterías, los suelos de madera y sus enormes puertas dobles de madera y cristal finamente decoradas. Una pequeña fuerza, muy pequeña, me atraía hacia la lápida, una mínima energía.

“Tal vez si la concentro…”

Con delicadeza, cogí la mano izquierda de Kilian y la sostuve junto a mi derecha, ambas extendidas. Me concentré en ese punto, y al momento un pequeño calor pareció emanar de nuestras manos. Poco a poco noté mi cuerpo mucho más ligero y volátil, hasta sentirlo casi desaparecer mientras lo que había a mi alrededor se desvanecía, para luego volverse todo cada vez más consistente de nuevo, hasta sentirme de nuevo en el suelo.

Cuando abrí los ojos ya no nos encontrábamos en aquel lugar tranquilo. Volvíamos a estar en la Clínica de Iosefka. Parsimoniosamente, me levanté, siendo consciente de todo lo que había a mi alrededor y sintiendo todo mi cuerpo. Lo habíamos conseguido.

—¿Cómo lo has hecho? —preguntó, anonadado al ver el lugar.

—Yo… Bueno, creía notar… Algo, una energía. Salió… solo.

—Eres impresionante. —contestó el muchacho, maravillado—. No fui capaz de sentir todo eso hasta que tú no juntaste nuestras manos.

—No sé… No creo que sea para tanto —le dije, algo avergonzada—. Tú también lo sentiste luego.

—Porque me guiaste. —Hizo una mueca bastante graciosa y después me sonrió—. Ahora creo que sí podría hacerlo.

Le sonreí a la vez que bajaba la mirada, avergonzada y con las mejillas sonrojadas mientras me mordía el labio y retorcía un mechón de pelo.

—¿Y esto? —preguntó el muchacho mientras observaba una lámpara anclada en el suelo.

Del suelo salía una especie de vara metálica con entrantes y salientes, curvada y algo retorcida, de poco más de un metro. En su extremo curvo colgaba una lámpara de cristal y metal, bastante bonita, apagada. Kilian la tocó y tiró de un pequeño cordel que colgaba, haciendo que la lámpara se encendiese de golpe. Varios Mensajeros surgieron entonces del suelo, mostrando solo la mitad superior del cuerpo, rodeando la lámpara.

—¿Qué…? —Me acerqué despacio, dubitativa—. ¿Qué es esto?

—Para volver —contestó el joven con decisión—. Mira.

En efecto, si te quedabas mirándola y te concentrabas, se visualizaba el Sueño del Cazador.

—Vaya… Es increíble —admiré.

—Al menos ya sabemos cómo regresar. Aunque no recuerdo haber visto esto aquí antes… —Kilian hizo una pausa y suspiró—. Bueno, será mejor que nos movamos —dijo Kilian mientras señalaba la puerta que llevaba a la sala donde encontramos a aquel enorme lobo, cambiando de tema radicalmente—. Tal vez… Esté cerca. —inquirió.

—Creo… —miré hacia las escaleras que llevaban al piso superior—. ¿Qué hay arriba? —pregunté intentando cambiar la dirección de nuestros movimientos al ser consciente de lo rápido que iba este chico con sus decisiones.

—El lugar en el que me hicieron el trasvase… —hizo una pausa—. Enormes pasillos, salas y el lugar en el que te encontré —continuó—. Pero no creo que sea buena idea ir —añadió al ver mi gran interés repentino—. Piénsalo, si alguien te dejó aquí encerrada no puede ser muy de fiar, ¿no crees?

—No sé… Solo creía que tal vez viendo el lugar… —Desvié la mirada, insegura—. Tal vez tengas razón… —suspiré—. De todas formas, ni siquiera sabemos si estaba allí porque querían que me quedase encerrada por algo en concreto. ¿Y si estaba ahí porque era peligrosa para los demás? —expuse, haciendo oír mi preocupación por esa posibilidad.

El muchacho me observó unos instantes y luego suspiró.

—De ninguna manera. —negó—. De acuerdo, hagamos esto. Primero nos encargamos de ese lobo abominable que se pasea por aquí y luego vamos a ese sitio.

—Vale —respondí al instante.

—Bien, pues vamos a ellos.

—Sí… De acuerdo. —Asentí mientras cogía el hacha, en un intento de sentirme más segura.

Tras una mirada conciliadora por parte de Kilian, comencé a seguirlo lo más sigilosa posible a través de la puerta, llegando a la sala llena de estanterías y mesas camilla, con numerosos instrumentos médicos. Siguiendo a Kilian, podía ver su cuerpo tenso andando con cautela, agarrando con fuerza en su mano izquierda el arma principal y en su derecha la pistola, respirando lo más calmadamente posible, aunque inquiría que su corazón estaría desbocado y que intentaba controlarse.

No podía decir lo mismo por mi parte, que aunque me movía con sigilo, no podía evitar el temblor de mi cuerpo, el sudor que comenzaba a bajar por mi espalda, mi alta frecuencia cardiaca y mis respiraciones mal controladas. Ante el temor de encontrarme de nuevo a aquella bestia, mis sentidos se habían agudizado, siendo ahora más consciente de los leves sonidos de nuestro alrededor y de la nitidez de mi vista.

Y así, luchando conmigo misma para controlar mi ansiedad, nos acercamos poco a poco al lugar donde se encontraba la bestia. Cuando vi de nuevo a ese enorme lobo, ahogué un pequeño grito de miedo al recordar el anterior resultado.

“Contrólate, contrólate” me dije a mí misma mientras respiraba hondo y agarraba con fuerza el hacha con la mano derecha.

Kilian me hizo un gesto, indicando que él se acercaría por uno de sus lados con sigilo para que no lo viera. La bestia se encontraba de espaldas a nosotros mientras devoraba un cadáver que había en el suelo, un cadáver que estaba segura no haber visto la última vez que estuve ahí. Tragando saliva, comencé a moverme despacio mientras él se adelantaba.

“Con cuidado, con sigilo, tranquila…” intentaba calmarme.

Sin embargo, la situación cambió vertiginosamente en cuanto Kilian se abalanzó sobre el lobo-bestia y asestó el primer golpe. La presa, herida, gruñó del dolor y comenzó a moverse con rapidez para atacar a Kilian, el cual estaba preparado para defenderse.

“Es bastante bueno” admiré mientras observaba sus movimientos fluidos de ataque y defensa, mientras intentaba asestar el golpe definitivo.

Sin embargo, la bestia era un gran oponente, que se acercaba mucho al cuerpo de Kilian con sus enormes garras, hasta que en un descuido…

—¡Ah! —gritó el muchacho, mientras se apartaba de un salto mientras miraba su hombro sangrante—. Mierda— maldijo entre dientes.

En ese momento, sin pensarlo, me moví todo lo rápido que pude y apunté al enorme lobo con mi pistola de cazador, dándole en la cabeza, dejando al ser lo suficientemente aturdido para que Kilian, sin vacilar, atravesara con su arma a la bestia, consiguiendo una lluvia de sangre que lo cubrió por completo mientras la bestia caía al suelo, muerta.

Fue entonces cuando una pequeña luminiscencia violeta lo rodeó, volviéndose más fuerte en sus ojos, para luego desaparecer.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó confuso mientras se apoyaba en una de las camillas de la sala.

Corriendo, fui hasta él.

—¿Estás bien? —pregunté preocupada.

—Sí, sí. No te preocupes —contestó mientras se miraba el hombro, que había comenzado a dejar de sangrar—. Increíble… —susurró anonadado—. Esa sangre es… Maravillosa.

—Sí… desde luego —coincidí con él mientras miraba la herida, que ya no sangraba.

—Aunque, era una herida superficial. —Se rio mientras me miraba aliviado—. Muy buen tiro, por cierto.

—Oh…  Aún no tengo muy claro cómo lo he hecho. El mérito es tuyo —le dije mientras me separaba un poco de él—. Has estado increíble.

—No es para tanto… —suspiró—. Aún hay mucho que aprender. Pero al fin y al cabo, tenía ciertos asuntos pendientes con esa bestia. —Rio un poco al hacer referencia a nuestro fatídico encuentro anterior.

—Sí… Desde luego —le respondí mientras miraba de nuevo a mi alrededor.

—Bueno, lo prometido es deuda —comenzó a andar el muchacho—. Vayamos a ver la zona superior, donde te encontré.

—Sí —contesté enérgica mientras volvía sobre mis pasos, para ir al lugar.

Sin embargo, nuestro viaje duró poco, ya que la puerta al final de la escalera estaba cerrada.

—Qué raro, si antes…

—¿Hola? —preguntó una voz femenina, de mujer joven, tras la puerta, interrumpiendo a Kilian—. Oh, ¿eres un Cazador? ¿Has salido de caza? —le preguntó.

—Eh… Sí —contestó éste sorprendido tras pensarlo un poco—. ¿Quién eres?

—Soy Iosefka —respondió—. Lo siento pero no puedo abrir la puerta.

—¿Qué? —preguntó frustrado—. Pero si antes…

—Tienes que comprenderlo. Es la Noche de la Cacería. Los monstruos están ahí fuera y solo quiero proteger a quien esté aquí esta larga noche… Por favor, espero que puedas llevar a cabo tu trabajo, pero solo quiero estar segura.

—Pero antes… El viejo, tú…

—Accedí a que se llevara a cabo el trasvase aquí, pero ya, por favor, solo quiero…

—Vale, vale —accedió frustrado—. Solo una cosa, ¿qué es lo que sabes de la cripta de allí abajo? Donde estaba esa chica.

—¿Qué? ¿Cómo…? —hizo una pausa—. Caíste por el agujero, ¿no es cierto?

Kilian se quedó callado, mirándome dubitativo.

—Sinceramente, no sé qué es lo que pasó. ¿Está ella contigo? —preguntó, pero al ver que no contestaba nadie, siguió hablando—. Esa chica llevaba aquí mucho tiempo, más del que pueda recordar. Mi padre no supo decirme por qué debíamos mantenerla en secreto. Me preocupé mucho cuando me percaté de que ya no estaba… —hizo una pausa—. Pero si está contigo, dile que lo siento. Intenta que no acabe mal en esta Noche de Cacería. —Suspiró, y sacó una mano por una de las pequeñas rendijas de la puerta a modo de ventana—. Toma esto. —Le entregó un par de frascos de sangre—. Son dos viales de mi sangre. Tal vez puedan servirte de ayuda en algún momento.

—Gracias… —contestó mi compañero, sin saber muy bien qué decir.

—Ahora vete, por favor. Ya no puedo hacer más. Espero que lo comprendas y… —hizo una pausa—. Lo siento, por dejarla ahí en ese estado. Solo hice lo que… me hicieron prometer.

—Gracias por los viales —le contestó Kilian mientras se daba la vuelta—. Solo una pregunta más. ¿Aproximadamente cuánto tiempo estuvo ahí, en ese estado?

—Podría decir que más de sesenta años, tal vez incluso más —contestó Iosefka, pensativa.

—Ya veo… —dijo mientras me miraba, impresionado y apenado al ver mi expresión de incredulidad—. Gracias.

—Espero que tengas una buena cacería —le deseó Iosefka mientras nos oía marchar.

—Cuídate —le respondió Kilian, con tono amable.

Poco a poco, bajamos las escaleras que nos llevaban al piso inferior, el cual recorrimos sin decir nada, hasta llegar a las escaleras que nos llevarían al exterior.

—Sesenta años… —susurré, confundida—. Es… mucho tiempo. Ni siquiera sé el tiempo exacto

“¿Qué edad tendré ahora? ¿Cómo es que sigo manteniéndome igual que cuando me encerraron?”

—Sí… Lo sé —respondió el joven, que seguía sorprendido—. Entonces eres de una época anterior a esta…

—Si me escondieron por tanto tiempo… Mi familia… Si en aquel tiempo la tenía ya… No estará. —sentencié, entristecida—. No hay nadie a quien regresar —dije abatida mientras me sentaba en las escaleras y me tapaba los ojos con las manos.

—Ey… No digas eso… —dijo Kilian mientras dejaba su cuchilla dentada a un lado y se arrodillaba a mi lado—. No digas eso. Aún no lo sabemos.

—Pero es muy poco probable que eso ocurra. Y si no me encontraron… —hice una pausa—. ¿Y si por algún motivo no quisieron encontrarme?

—En realidad no lo sabemos. —Me contradijo Kilian—. Podrían ser muchas las posibilidades a tratar. Puede que no te encontraran, que no quisieran buscarte, que no tuvieses familia, que ésta hubiese muerto… Son muchas posibilidades, y aún es pronto para afirmar nada.

—Pero… —Me mordí el labio, y miré al suelo—. Es solo que es tan frustrante no saber nada… De todas las cosas que esperaba nunca pensé que pudiera el haber estado más de sesenta años durmiendo.

—Ya… —carraspeó—. Pero, míralo por el lado bueno. —Se levantó—. Tenemos toda una ciudad para explorar donde descubrir cosas sobre ti. Ahora podemos situarnos temporalmente, al menos de forma aproximada.

—Pero si como dijo esa mujer fue algo que se llevó en el más estricto secreto, puede que no haya ninguna información acerca de ello —argumenté.

—Siempre hay algún sitio donde mirar —dijo el muchacho—. Solo hay que saber dónde buscar. —Se quedó pensativo unos segundos—. Si en esa inscripción estaban escritos tanto un apellido como el nombre de tus progenitores, creo que debías ser alguien con cierta repercusión social.

—¿En qué te basas? —pregunté no muy convencida.

—Mira tu vestido, o lo que queda de él al menos. —señaló—. Era muy pomposo y sofisticado, una chica normal no llevaría esas ropas. Y generalmente, o al menos en mi país, los apellidos y familias tienen gran importancia. Solo aquellos con renombre los usan.

—Sinceramente no me veo como alguien importante. —Sonreí compungida.

—Piénsalo. Debías tener algún valor para ser sellada de esa forma. —Se acarició el pelo mientras pensaba—. Debió pasar algo. —Frunció el ceño—. Había muchas cosas borradas pero podía llegar a leerse algo de tu “descanso”. Algo relacionado con la “Infección”.

—¿La infección? —pregunté, más interesada—. Ese anciano dijo que debíamos acabar con ella. —dije haciendo memoria.

—Puede que esté relacionado.

—Pero… —Hice una pausa, intentando recordar las palabras de aquel viejo—. Si nosotros debemos acabar con esa enfermedad, la cual no sabemos cuál es, y esas bestias que pululan por la ciudad, ¿qué es lo que hicieron los cazadores anteriores?

—No lo sé… ¿Llevar a cabo esa cacería de la que hablan? —suspiró—. La verdad es que no lo sé. Aún estoy algo confuso con esto de ser un Cazador.

—Ya… Te entiendo. —Empaticé.

Me puse en pie de nuevo, hacha en mano, y me giré para mirar la escalera que llevaba al exterior. Si de verdad tanto mi pasado como mi actual presente estaban relacionados con esa infección de la que se hablaba, debía amarrarme a ella como a un clavo ardiendo, aunque no tuviese toda la certeza de que fuese cierto. Debía encontrar las respuestas por mí misma.

“Kilian tiene razón, debemos buscar en la ciudad” me convencí.

—Bien, busquemos información de esa infección —dije con decisión.

—Sí, vamos. —Me sonrió, alegre de que me sintiese mejor.

Kilian comenzó a ascender por las escaleras, mientras yo echaba un último vistazo a la sala donde matamos a aquella bestia. ¿Qué encontraría allí fuera? Justo antes de seguir a Kilian, un pequeño movimiento llamó mi atención. Al principio pensé que podría haber algo, pero solo era un pedazo de papel que se había caído al suelo, ahora manchado con sangre. Curiosa, cogí el trozo de papel, viendo que había escrito en letras mayúsculas: “BUSCA SANGRE PÁLIDA”

—Sangre pálida… —susurré ante la extraña frase—. ¿Qué significa?

—¡Arya! —escuché a Kilian gritar—. ¿Vienes?

—¡V-Voy! —exclamé, dándome la vuelta para ascender al exterior.

Una vez arriba, llegué hasta Kilian, encontrándonos en medio de un pequeño camposanto bañado por la luz del atardecer.

—Esto es un poco siniestro. —comenté mientras miraba las tumbas viejas, los árboles muertos y los muros de piedra llenos de enredaderas.

—Ven —dijo Kilian, que se encontraba frente a una verja que daba al exterior—. Por aquí es por donde vine. Tras esto, se encuentra la parte central de la ciudad de Yharnam.

Con decisión, empujó la enorme puerta doble enrejada, abriéndola de par en par y dando paso al exterior. Cuando pisé fuera del recinto de la clínica, lo que vi me dejó maravillada y a la vez sobrecogida: una enorme ciudad nos engullía en su magnificencia. Enormes edificios góticos, grandes puentes de piedra, multitud de esculturas góticas perturbadoras pero hermosas… Todo ello bajo la atenta mirada del sol poniente, que iluminaba la enorme ciudad con sus últimos rayos.

—Bienvenida a la ciudad de Yharnam.

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