Capítulo 22
En ese mismo momento, Cedric había seguido el consejo de Ansgar y estaba visitando la joyería de Odorov.
—Su Gracia, me siento honrado de que haya venido a visitar mi tienda.
Cedric había sido conducido a una sala de recepción con cómodos sofás. Tomando un sorbo del té que el joyero le había dado de antemano, preguntó con calma:
—Me dijeron que debía venir a este lugar si quería saber sobre una joya y quién es su propietario actual.
—¿Está interesado en una joya en particular? —El joyero preguntó con curiosidad.
—Estoy buscando una joya llamada “Corazón de Santa Olga.
—¿Se refiere al diamante que era la reliquia del vizcondado Fischer?
Así que era un diamante. Era algo que Cedric acababa de descubrir. Al principio, pensó que había sido un rubí, ya que se refería a él como un “Corazón”.
—Sí, estoy buscando la reliquia del vizcondado de Fischer.
El joyero parecía haber sido puesto en una situación incómoda. Cedric, notando su expresión, le preguntó asertivamente:
—¿Es que no sabes nada al respecto, o simplemente es algo difícil de divulgar?
Las joyas se usaban como un medio para hacer negocios secretos y acumular riqueza.
En comparación con los diamantes y los zafiros, el oro era el medio más común para este tipo de transacciones, ya que era más fácil ocultar su origen.
Sin embargo, las joyas históricas y de renombre también eran medios muy útiles.
Sobre todo, si se trataba de sobornos. Esto se debió a que las joyas históricas tenían un valor que iba más allá de la mera riqueza.
Además, esta joya procedía de una familia que había sido destruida cuando la vizcondesa y el vizconde decidieron suicidarse por el bien de la emperatriz.
A algunos les gustaría tener sus pertenencias como trofeos, y a otros les gustaría quedarse con las pertenencias de sus compañeros.
Por otro lado, incluso si una joya no se obtuvo con un propósito perverso, podría haberse obtenido ilegalmente. Especialmente si se trataba de una joya considerada una reliquia.
—No estoy haciendo averiguaciones; solo quiero comprarla.
Al escuchar esto, el joyero dio un pequeño suspiro.
—Entiendo. Por ahora, escribiré una carta a la persona propietaria de la joya. Esto podría ser algo bueno. Un hombre como Su Gracia se ha interesado.
El joyero se puso de pie, pidiéndole que esperara un momento.
Cedric se puso de pie y miró alrededor de la joyería mientras el joyero escribía la carta de presentación.
La sala de recepción a la que fue conducido era el lugar donde se recibía a los distinguidos invitados.
Una parte de la colección de joyas de la tienda de Odorov se exhibía como decoración.
En un estante de la pared, Cedric vio un par de gemelos y un reloj de oro.
Aunque no sabía mucho de joyería, le llamó la atención un collar y un pulsera de diamantes que parecían muy caros.
Por impulso, Cedric levantó la pulsera.
La pulsera se veía muy inusual. La pulsera, hecha de dos tiras de pequeños diamantes, como si fuera una simple pulsera de cuentas, brillaba bajo la luz en cinco colores diferentes.
El joyero regresó pronto con un sobre sellado con cera.
Cedric colocó la pulsera sobre la mesa con una cara más firme de lo habitual.
—Ahora que me has proporcionado la información, debes aceptar que compre al menos un artículo.
—¡Ay! ¿Se refiere a este? Muchísimas gracias.
El joyero, que no se lo esperaba, rápidamente inclinó la cabeza, con los ojos radiantes.
Freyl, que hasta ese momento había estado esperando a que su maestro terminara este asunto, se quedó junto a la puerta en silencio, con expresión aburrida.
Cedric lo sabía, pero fingía no saberlo.
El joyero le dijo que fuera a la casa de un hombre llamado White.
Un hombre que había sido dueño de una pequeña joyería.
—Era un hombre de confianza que tenía buen ojo. Si las cosas hubieran ido bien, hoy habría sido un joyero de renombre...
—¿Lo dejó?
—En los negocios, a veces ciertas inversiones pueden parecer una apuesta.
—Eso es cierto, porque los riesgos y los beneficios son proporcionales entre sí.
—Sí, pero cuando el riesgo es mayor de lo esperado, por más preparado que uno esté para enfrentarlo, no es posible superarlo. Lo que White experimentó fue como estar en un granero haciendo maniobras de prevención de incendios, solo para terminar siendo golpeado por un tsunami.
Odorov no le dijo nada más.
Pensando que estaba cerca de resolver un acertijo, Cedric se dirigió a la casa de White junto con Freyl. Freyl se quejó,
—Esto es demasiado.
—¿Es demasiado pedir que vengas conmigo?
—Su Gracia, ¿realmente ha decidido casarse con la hija de Miraila?
Cedric lo miró seriamente y respondió:
—Pensé que estabas de acuerdo conmigo.
—No, sé que está haciendo esto para el ejército occidental.
—¿Pero no dijiste que era una buena estrategia?
—No es porque no crea que funcionará. Solo me pregunto si vale la pena sacrificar su felicidad.
Freyl eligió sus palabras correctamente.
Cedric lo ignoró y agitó las riendas para que su caballo fuera más rápido. Sin embargo, Freyl rápidamente lo alcanzó en su caballo.
Luego dijo con toda seriedad:
—Su Gracia, en cualquier caso, es la hija de Miraila, ¿no le parece un poco extraño?
—¿Estás cuestionando mi juicio?
—¿Eh?
—Estás insinuando que no soy capaz de juzgar claramente si la señorita Artizea es una persona diferente a Miraila o no.
Cedric dijo esto a pesar de que sabía que Freyl no pensaba de esa manera. Entonces Freyl negó con la cabeza,
—No es eso. Es solo que…
—La señorita Artizea señaló que solo sería por dos años. No creo que un matrimonio de conveniencia de dos años sea un precio que el ejército occidental no pueda pagar.
—Su Gracia, divorciarse de la hija de Miraila después de un matrimonio de conveniencia sería una mancha en su honor.
Cedric de repente recordó las palabras de Artizea y sonrió.
—Su Gracia, debe dejar de lado su honor, para poder ganar el honor del Ejército Occidental y proteger el Gran Ducado Evron... ¿Y, sin embargo, lo tirará todo por razones personales?
Si Artizea no hubiera dicho eso, habría considerado la oferta un insulto y se habría puesto furioso.
—Los soldados deben recibir el trato que se merecen, y no lo evitaré por temor a que se manche mi honor.
—Su Gracia.
—Y eso es lo que la señorita Artizea me hizo entender.
Freyl no dijo nada más y permaneció en silencio, con una expresión extraña.
«¿Solo por eso?»
Estuvo tentado de hacerle esa pregunta.
Además, si fuera un simple matrimonio de conveniencia…
Podría haberle enviado sólo un vestido de novia. Habría sido una buena manera de hacer que pareciera un matrimonio por amor y hacer que el emperador bajara la guardia.
Con esto en mente, ¿era realmente necesario comprarle una joya?
«No me parece. Sin embargo, él no parece ser consciente de ello en absoluto... ¿Tendré que decírselo para que se dé cuenta?»
Freyl se angustió.
¿Podía Cedric entender esta preocupación? Honestamente, estaba preocupado por tener que servir a la hija de Miraila como Gran Duquesa por el resto de su vida.
Mientras pensaba en esto, llegaron a la dirección que el joyero Odorov le había dado a Cedric.
Cedric tuvo dudas cuando se bajó de su caballo. Un paño negro colgaba sobre la puerta principal.
Era una señal de luto.
—Oh, no…
Al escuchar su lamento, dijo Freyl:
—Entiendo su preocupación, pero deberíamos entrar. No es como si pudiéramos tomarnos el tiempo para volver en otro momento, ¿verdad?
—Estás en lo cierto.
Cedric suspiró profundamente.
Freyl llamó a la puerta.
Fuera de la casa lúgubre, abriendo con cuidado la puerta había una mujer joven que parecía tener poco más de veinte años.
—Pareces gente importante, ¿por qué has venido a este lugar? Mi padre ha muerto —dijo la chica con cara de sospecha y cansancio. Había círculos oscuros alrededor de sus ojos.
Freyl rápidamente sacó la carta de presentación que Cedric le había dado y se la entregó a la chica.
La chica abrió el sello en el acto y leyó el contenido. Luego, miró desconcertada a Cedric. Poco después, y con prisa, se arrodilló sobre una rodilla.
—Me siento honrada de conocer a Su Gracia.
—No. Por favor, no te arrodilles. No hay necesidad de que actúes con tanta cortesía…
—Gracias por su amabilidad.
La chica habló con voz cortés pero cansada, y luego se puso de pie.
Ella los condujo a la sala de estar.
Ya era de noche, por lo que la casa estaba a oscuras. La chica encendió una vela para iluminar el lugar.
Luego apareció con una bandeja con tres tazas de té, se sentó y la puso sobre la mesa.
—Me disculpo por la falta de hospitalidad. Ni siquiera tenemos buenas hojas de té en nuestra casa. Pero como el alma de mi padre aún no se ha ido de esta casa, permítame ofrecerle un poco de té, para que mi padre se sienta honrado y descanse en paz.
—Somos nosotros quienes debemos disculparnos por haber venido en un momento difícil.
Cedric no tenía mucha sed, pero bebió el té lentamente hasta que la taza estuvo vacía. Freyl hizo lo mismo.
—Muchísimas gracias. Estoy segura de que mi padre estará muy feliz. —La joven inclinó la cabeza y dijo—: Su Gracia, la carta de presentación del señor Odorov menciona que está buscando una joya. Mi padre falleció, pero los libros de contabilidad de sus días como joyero siguen intactos, así que intentaré ayudarte en todo lo que pueda.
—Pido disculpas de antemano por las molestias ocasionadas durante su duelo. Estoy buscando un diamante llamado el Corazón de Santa Olga. El señor Odorov me dijo que su padre es dueño de esa joya.
Las manos de la mujer temblaron. Esto hizo que la taza de té que sostenía se sacudiera y emitiera un ruido al golpear el plato.
Cedric tomó con cuidado la taza de té de su mano y la colocó sobre la mesa.
La chica lo miró con el rostro pálido. No solo tenía una expresión de enojo, sino también de disgusto y odio.
Solo quería comprar esa joya.
Pero el rostro de la chica mostraba claramente que había una historia detrás de esa joya.
—Esa joya no está en nuestra casa.
—¿A quién se lo vendieron?
Después de pensarlo por un momento, la chica se levantó y fue al estudio.
Su comportamiento era tan inusual que Cedric y Freyl se miraron.
La joven pronto regresó a la sala de estar con un sobre de documentos.
—Aquí está el contrato para la transferencia de propiedad del Corazón de Santa Olga.
Le entregó el contrato a Cedric. El nombre del comprador de la joya en el contrato era el barón Yetz.
—Este es un pagaré emitido por el barón cuando se redactó el contrato.
También le entregó el pagaré. La fecha del pagaré indicaba que se hizo hace siete años.
—El resto son respuestas a cartas que le envió mi padre para pagar el pagaré. Mi padre le había estado escribiendo cartas durante siete años, pero solo recibió unas die respuestas. En todos ellos solicitó la demora en el pago. —La chica apretó los dientes y luego dijo—: En la última carta, el barón escribió: “Pagaré cuando sea necesario. ¿No confías en mí?”
Estaba claro lo que había sucedido. El noble había retrasado deliberadamente el pago; estaba ignorando deliberadamente.
El barón Yetz prácticamente había robado el diamante mediante un papel firmado con su identidad. De hecho, esto no era inusual.
Después de revisar el contrato, Freyl comentó:
—Según este contrato, la propiedad del diamante solo se transferirá cuando se haya pagado el pagaré.
—Sí, esa condición se estableció para evitar cualquier fraude.
—Si hubieras demandado, podrías haber ganado.
La niña sollozó.
—¿Cómo pudimos haber hecho eso? Ese diamante se le ha dado como regalo a la marquesa Camellia.
Cedric y Freyl se miraron de nuevo.
La marquesa Camellia era la cuñada del Gran Duque Roygar.
Athena: Vaya, vaya… Las cosas oscuras comienzan a aparecer.