Capítulo 6
Artizea asintió. No había otra razón por la que Miraila pudiera estar de tan mal humor.
Lawrence ya tenía 22 años.
Hasta el hijo más mimado, a esta edad, quisiera estar lejos de su madre y tener más libertad.
Esto era especialmente cierto para alguien criado, como Lawrence, para ser egocéntrico en todo.
—¿Dijo a dónde iba?
En ese momento, Sophie se dio cuenta de que la atención de Miraila se había desviado hacia otro tema, por lo que continuó peinando a Artizea.
Miraila solo suspiró ante la pregunta de Artizea.
Artizea entonces consoló a Miraila con sus palabras, como solía hacer.
—Lawrence tiene muchos amigos y muchas cosas que hacer... así que no se puede evitar.
—Sí. Lo sé. Tu hermano es un hombre maravilloso, hay mucha gente detrás de él.
Miraila se lamentó.
—Espero que no esté cautivado por alguna perra.
—No te preocupes. Mi hermano es un hombre inteligente.
—Pero el problema con las mujeres es diferente. No importa cuán grande sea un hombre, si una mujer decide seducirlo, eventualmente sucumbirá a ella. Porque el deseo sexual es un instinto masculino.
Miraila solía decir eso todo el tiempo. Artizea siempre se preguntó si eso era sabiduría o prejuicio basado en su propia experiencia.
De todos modos, Artizea ya sabía lo que tenía que responder. Miraila quería escuchar algo que la consolara.
—¿Cómo podría mi hermano hacer eso? Mi madre ha criado a mi hermano con gran dedicación. Él no es ese tipo de persona.
Cuando Artizea era mucho más joven, prestaba atención a las palabras de Miraila. Pero ahora, sabía que a Miraila solo le importaban sus propios intereses.
Miraila asintió ante sus palabras.
—Así es, tu hermano es diferente a los demás hombres. Aún así, estoy preocupada por él. Después de todo, cuando un hombre se enamora de una mujer, se olvida de su madre. No lo harás, ¿verdad?
—Por supuesto que no, madre. Siempre estaré a tu lado.
Artizea dijo cortésmente y Miraila sonrió con satisfacción.
—Eso es obvio. Eres mi hija.
Mientras hablaban al respecto, Sophie terminó de rizar todo el cabello de Artizea.
Sophie tenía una buena técnica para hacer peinados, pero exageraba y sus rizos eran demasiado cortos.
Miraila parecía satisfecha con el peinado.
—Que tengas un lindo día. Recuerda donar algo de dinero e intentar refrescarte. Siempre debes prestar atención al templo.
—Sí, madre.
Artizea respondió obedientemente.
Cuando Artizea tenía quince años tuvo la idea de crear una red de información, por lo que sugirió donar a los templos y repartir dinero a los sacerdotes. Además, compró doncellas y sirvientes del palacio imperial.
Miraila había intentado varias veces hacer cosas similares antes.
Sin embargo, fracasó en todas las ocasiones, pues frente a la gran cantidad de dinero que gastó, no tuvo muy buenos resultados.
Al final, lo consiguió tras poner en práctica las palabras de Artizea.
Aun así, Miraila actuó como si hubiera planeado todo ella misma y que Artizea fuera solo la persona de los mandados.
Sin embargo, Artizea no se molestó. En un mes como máximo, todo cambiaría.
No quería discutir ni ser golpeada por un asunto tan trivial, por lo que actuó como antes, como si no supiera nada.
—Mi señora, ¿se encuentra bien?
Una vez que Miraila se fue, Sophie le preguntó con preocupación. Artizea asintió con la cabeza.
—No es nada nuevo, ¿verdad?
—Sí... pero aún así...
—Ponme mi vestido.
—Oh sí.
Sophie se apresuró.
Artizea no llevaba corsé.
De niña, Miraila la obligaba a usar un pequeño corsé para verse un poco mejor.
Sin embargo, cuando el cuerpo de Artizea comenzó a parecerse al de una mujer adulta, le impidió usar ropa ajustada, diciendo que haría que los hombres tuvieran pensamientos obscenos.
Sophie le puso un polisón y la vistió con un vestido de rayas verde oscuro.
Finalmente, Sophie la sentó en una silla y puso sus manos en el cabello de Artizea.
Luego, mientras masajeaba su cuero cabelludo, extendió los rizos que había rizado previamente para un peinado perfecto.
Los rizos se extendieron al nivel correcto.
El cabello de Artizea tenía un lindo color, por lo que se veía hermosa con su peinado.
Artizea se miró torpemente en el espejo y jugueteó con las puntas de su cabello.
—¿Qué opina? No tiene de qué preocuparte, para cuando regrese tendrás el pelo suelto. En cualquier caso, basta con rociar agua para eliminarlo —dijo Sophie alegremente. Artizea no supo cómo reaccionar.
Nunca había prestado atención a su apariencia.
Sin embargo, era la primera vez que una sirvienta rompía el código de vestimenta, con la intención de hacerla lucir bonita.
Cuando estaba satisfecha, les daba una moneda de plata a las sirvientas como muestra de su aprecio por su trabajo.
«¿Está bien que luzca bonita en primer lugar?»
Artizea siempre había tenido una ansiedad obsesiva sobre si era correcto que hiciera algo por sí misma.
«Tengo que alejarme de mi madre lo antes posible.»
Ella tomó una decisión firme.
—¿No te gusta? —preguntó Sophie con una mirada ansiosa. Artizea negó con la cabeza, abrió el cajón de la cómoda, sacó una moneda de plata y se la dio a Sophie.
—Al contrario, hiciste un buen trabajo hoy.
—¡Guau! ¡Muchísimas gracias!
Sophie aceptó la moneda de plata con ambas manos e inclinó la cabeza.
En ese momento, se podía escuchar el sonido de la puerta abriéndose.
Alice entró después de terminar lo que había ordenado Artizea, y se sorprendió al ver a Artizea.
—Mi señora, ¡está muy hermosa hoy!
Sophie secretamente hizo la señal de V detrás de Artizea.
Artizea se dio cuenta y fijó su mirada en Sophie. Sophie tarareó y se encogió de hombros.
Alice, que era más animada que Sophie, dijo alegremente.
—¡Se ve realmente bella! Sería genial si siempre se viera así.
—Eres buena con las palabras. No sacarás nada de la adulación. ¿Hiciste todo lo que te pedí?
—Sí, también empaqué las loncheras correctamente y las puse en el carruaje.
—Buen trabajo.
Artizea también le dio a Alice una moneda de plata.
Sophie finalmente le dio un sombrerito decorado con un par de flores.
Artizea tomó su paraguas beige que tenía una línea verde en el extremo a juego con el vestido y salió con Alice.
El cambio del futuro acababa de empezar.
En ese momento, el Gran Duque Cedric se encontraba en un cuartel a las afueras de la capital.
Cedric era sobrino del emperador. Su madre era hermana del emperador.
Poco después de la muerte del emperador anterior y la ascensión al trono del emperador actual, los padres de Cedric fueron acusados falsamente de ser conspiradores y fueron asesinados.
En ese momento, murió casi toda la familia imperial, excepto los hijos del actual emperador.
Sin embargo, Cedric, que era un bebé, y Roygar, que tenía doce años, sobrevivieron a la purga política.
El emperador tuvo tres hijos con la emperatriz, además de Lawrence con Miraila.
Sin embargo, todos fallecieron antes de cumplir los diez años a causa de alguna enfermedad o accidente.
Se rumoreaba que el emperador fue maldecido por matar a un pariente cercano.
Incluso hubo rumores de que el fantasma de la difunta emperatriz viuda rondaba las tumbas del inocente Gran Duque y la Gran Duquesa Evron, derramando lágrimas de sangre.
El emperador atrapó y ejecutó a todas las personas que difundieron tales rumores.
Pero su personalidad violenta disminuyó a medida que envejecía. Además, las sucesivas muertes de sus hijos también le marcaron fuertemente.
El emperador finalmente restauró a la Familia Evron a su posición original.
Cedric estaba decepcionado con el poder. Así, aunque su familia fue reintegrada, permaneció en silencio protegiendo el Gran Ducado Evron sin pensar en entrar en la arena política.
Pero cuando la reputación de Cedric aumentó, el emperador lo convocó por la fuerza desde el norte y puso el Ejército Imperial Occidental bajo su mando para restaurar el orden en la región occidental, que estaba plagada de monstruos.
En el oeste, había oleadas de monstruos.
Esto significaba que los monstruos, que habían aumentado gradualmente en número a lo largo de los años, estaban atacando el hábitat de los humanos.
Cuando la situación se agravó, más de la mitad de las llanuras occidentales fueron devastadas por los ataques de los monstruos y la comida escaseaba como en tiempos de hambruna, e incluso se difundieron rumores sobre la práctica del canibalismo. La trata de personas también era común.
La gente común perdió sus casas y deambuló. Las industrias, incluida la agricultura, fueron destruidas.
Sin embargo, el Imperio Crates, que había perdido sus cimientos, ni siquiera pudo intervenir en la región occidental.
Cedric tuvo que comenzar con la reconstrucción del Ejército Occidental.
Luego, después de una larga expedición, conquistaron una gran área fuera de las fronteras y establecieron un fuerte.
Durante un tiempo, no tendrían que luchar contra la creciente población de monstruos. Fue una gran victoria.
Sin embargo, el emperador aún no había dado el visto bueno a la ceremonia del regreso triunfal.
Por eso, Cedric se quedó dos meses en un cuartel fuera de la ciudad.
—Ahora no es el momento de ser terco.
Su lugarteniente, Freyl, se lamentó.
—Vamos a disolvernos. La ceremonia no es importante. Le basta, Su Gracia, entrar primero, inclinarse ante el emperador y decir: “El ejército está bien, todo ha sido posible gracias a Su Majestad”.
—Freyl.
—Entonces Su Majestad nos agradecerá el arduo trabajo, nos ofrecerá algunos beneficios y una fiesta. Eso es lo que hace todo el mundo, ¿no?
—Estos soldados que han sufrido durante más de un año sin reponer sus tropas y sin suministros merecen recibir tal honor — dijo Cedric con firmeza.
No sería difícil para él entrar e inclinarse ante el emperador.
Pero no estaría bien.
—No hay necesidad de una gran ceremonia, pero tenemos que entrar a la capital oficialmente. Las recompensas por el mérito de batalla no pueden basarse solo en dinero.
Cedric parecía serio.
—Y no podemos disolvernos, Freyl. Aunque logramos una gran victoria, después de unos años, volverá a suceder lo mismo. ¿Qué piensas tú que sucederá?
—En ese caso, Su Majestad tendrá que actuar en silencio y reunirse con el Gran Duque Evron.
—Si Occidente se derrumba, todo el imperio estará en peligro.
Sin embargo, Cedric no pudo evitar suspirar levemente.
—Sé de lo que estás hablando, Freyl. No podemos quedarnos así para siempre.
—¿Entonces qué vas a hacer?
—Pensé en pedirle al arzobispo que intercediera como mediador.
Freyl mostró una expresión dudosa.
El emperador no estaba en buenos términos con el templo.
—Bueno, ¿eso funcionará?
—Tengo que probar. De todos modos, estaba planeando ir al templo porque tuve un sueño inquietante.
—¿Un sueño?
—Sí.
Cédric asintió.
En su sueño apareció una mujer que nunca antes había visto.
Era una mujer de cabello rubio platinado, lloraba incesantemente sin decir palabra, tanto que su rostro estaba empapado de lágrimas.
En cierto modo, esto podría incluso considerarse una pesadilla.
Pero en lugar de sentir miedo, por alguna razón sintió pena por ella. Se sentía desesperado y asfixiado, como si le estrujaran el pecho.
Fue un sueño que le dejó un sabor amargo en muchos sentidos.
Athena: Memorias del pasado… quién sabe.